Fotos, coplas y poemas. Los dos Crepúsculos. José Tábares Bartlett

Bajamar 1927-28. Foto colección Agustín Miranda Armas.

Rescoldos poéticos de la Escuela Regionalista, que como es sabido la integraron un conjunto de poetas laguneros del siglo XIX y principios del XX influidos por movimientos literarios como el romanticismo y el realismo, que adaptaron en sus poemas a la idiosincrasia canaria.

A orillas del mar cercano,
sobre un solitario risco,
junto á un niño había un anciano,
crispando su pelo cano
las ráfagas del ventisco.

Su faz la aurora asomaba
entre nubes de arrebol,
y en colores se bañaba
la esfera, que iluminaba
la naciente luz del sol.

A su llorado reflejo,
lleno de santo cariño,
pidióle el niño un consejo,
y cuentan que así habló el viejo
con acento grave al niño.

—En la misma Creación,
que á su análisis convida
en su eterna evolución,
se halla la asimilación
del problema de la vida.

Cuando las sombras deshace
la luz del alba que nace,
el día su infacia vive;
aliento vital recibe
el planeta y se complace.

Cuando el astro matinal,
de asombrosa magnitud,
en su carrera triunfal
toca en la meridional;
el día, es la Juventud.

Cuando moribundo arde,
y á sepultar va su tez
quizá por última vez
en las sombras de la tarde;
ha llegado á la vejez.

Fija aquí tu pensamiento;
y advierte, sin que te asombre,
la semejanza que invento;
el mundo es el firmamento,
y un astro que gira, el hombre.

Cuida, pues, en tu carrera,
hoy que á las nieblas extraño
tu ser luce y reverbera,
no empañen tu limpia esfera
las sombras del desengaño.—

Calló el anciano: y el día
siguiendo su curso en tanto,
lánguidamente moría;
tras de los montes hundía
de grana y oro su manto.

Con candidez peregrina,
el niño, que atento yace,
dijo vuelto á la colina:
—Yo soy la aurora que nace,
tú eres el sol que declina;

¿no es cierto?—Y el buen anciano
mientras el sol en su coche
se hundía en confín lejano,
cogiendo el niño de mano
pensó triste:- ¡Ya es de noche!

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