Tras la huella de la Iª Peregrinación tinerfeña a Roma en 1950 (XII). La Peregrinación llevó al Santo Padre la petición de la beatificación del Padre Anchieta (y III)

La Peregrinación Tinerfeña lleva al Santo Padre una gran inquietud espiritual de la región canaria: LA BEATIFICACION DEL PADRE ANCHIETA
El texto de este documento histórico, redactado en latín clá¬sico, que me permito transcribir en su versión latina y castellana por su indiscutible trascendencia, es obra del culto Catedrático de nuestra Universidad e ilustre hijo de Tenerife, D. Juan Álvarez Delgado.

Dice así:
«Beatissime Pater en latín:
ANTONIUS LECUONA ET HARDISSON,
Lo normal es que sólo publiquemos la traducción:
«Beatísimo Padre:
Antonio Lecuona Hardinsson, presidente de la Excma. Mancomunidad Provincial Interinsular de Santa Cruz de tenerife, en España, Islas Canarias, humildemente postrado a los pies de Vuestra Santidad, y con la más encarecida instancia, cumplimen¬tando acuerdo de dicha Corporación adoptado el 23 de febrero del presente Año Santo, se permite exponer la súplica fervorosa de que por Nuestra Suprema Autoridad, se decrete que sea acti¬vada la Beatificación del Venerable taumaturgo, Padre José de Anchieta, de la Compañía de Jesús, nacido en la ciudad de San Cristóbal de La, Laguna en esta isla de Tenerife el día 19 de marzo de 1534 y conocido con el excelso nombre de Apóstol del Brasil.
Es solicitud que no se hace sin haber ponderado antes en toda su valoración, consideraciones atinadísimas sobre anteceden¬tes y hechos relacionados con un anhelo público que no es de hoy sino que se remonta a tiempos próximos a la santa muerte del Venerable, pues ya en 1631, apenas transcurridos 34 años de haber acaecido, el Cabildo de Tenerife, única corporación representativa de la isla a la sazón, en acuerdo tomado en consistorio de 7 de octubre, convino en escribir a esa Sede Apostólica y a Su Majestad Católica, pidiendo la canonización del Padre José de Anchieta.
Por aquellos años—de 1627 a 1630—comenzada ya la Causa de Beatificación del Siervo de Dios, se presentaban a esa Sede los procesos apostólicos instruidos en Evora, Lisboa, Olinda, Sao Paulo y Río de Janeiro, y más tarde en 1652, resumida la Causa, instruidos los procesos acerca de «non cultu» y de los escritos, conforme a las normas de la Santidad de Urbano VIII, siguió adelante el largo procedimiento hasta que Vuestro predecesor el Papa Clemente XII proclama Venerable al esclarecido hijo de Tenerife al promulgar en 10 de agosto de 1736 el Decreto de la heroicidad de sus virtudes.
Y es que al extinguirse aquella santa vida, pasmaban las es-tupendas empresas de apostolado y de trabajo misional, durante 44 años de actividades en tierras americanas, que tuvieron por espléndida cosecha, en lo espiritual, los centenares de almas de infieles levantadas por la palabra y por el ejemplo del Padre An¬chieta, a la altura de la vida cristiana, y por hilos prodigiosos, en lo humano, la fundación de numerosísimos pueblecitos y aldeas, una feliz y eficacísima intervención en la de las dos grandes ciu¬dades de San Pablo y Río de Janeiro, y sobre todo, la fecundi¬dad de su obra civilizadora con el magnífico y sazonado fruto de toda una nacionalidad que en la Edad Moderna entra bajo el signo del Cristianismo en el ámbito de !a cultura occidental.
El ferviente y reiterado deseo es exteriorizado siglos después, en 1897, por el seminario diocesano nivariense con ocasión del tercer centenario de la muerte del eximio misionero al presentar a las plantas del inolvidable Pontífice León XIÍI una edición es¬pecial de su Poema a la Virgen. Y es entonces también cuando lo renueva el episcopado del Brasil, en petición conjunta, hecha al mismo Santo Padre, para que elevara a los aliares al gran evan- gelizador y lo designara como Patrón de aquella República sud americana.
Implícitamente lo formula asimismo, en una de sus memora¬bles asambleas, la «SEMANA PRO ECCLESÍA ET PATRIA», celebrada en la misma ciudad natal del Venerable, en septiembre de 1935, mientras transcurrían días tristes para la Iglesia Españo¬la, en la que se proclama que «prodigios tan grandes de civiliza¬ción y conversión bien sabía el Padre Anchieta que no podían llevarse a cabo por sólo las fuerzas humanas, sino que los había de realizar Dios Nuestro Señor, para lo cual era necesario que el instrumento estuviera intimamente unido con la Causa Prime¬ra y Principal de esta Obra».
La súplica responde, por otra parte, a iniciativa de alta ins-piración que antes de adoptarla este organismo representativo de la provincia española de su nombre, que me honro en presidir, había merecido una especial bendición del Eminentísimo Señor Cardenal Cámara, Arzobispo de Río de Janeiro, y Primado del Brasil, siendo acogida por el Instituto de Estudios Canarios, una de nuestras más significadas y genuinas entidades culturales, y sometida luego a la Junta del Homenaje a la memoria del Após¬tol constituida en esta Isla bajo la presidencia del Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Obispo de la Diócesis.
Beatísimo Padre: Dignaos ver en esta carta postulatoria no sólo la súplica de la Mancomunidad Provincial Interinsular de Santa Cruz de Tenerife, sino la de todos los Cabildos Insulares y Ayuntamientos del Archipiélago que se han adherido a ella al conocerla, asociándose de este modo al vehemente deseo de enal¬tecer al misionero que tuvo su cuna en las islas en época en que éstas constituían aquella unidad regida durante más de cuatro si¬glos por la antigua Mitra de Canarias.
Tenemos fe en que la beatificación de nuestro excelso misionero ñero, si Vuesíra Santidad algún día accediera a decretarla, como ardientemente se lo imploramos, habrá de suscitar entre los ha¬bitantes de este Archipiélago Canario que fue su patria, y entre los de aquellas tierras americanas evangelizadas por su celo apos¬tólico, los sentimientos de fervor misional y de renovado espíritu religioso que cabe esperar del ejemplo de una vida dedicada por entero, con abnegaciones heroicas y fulgores taumatúrgicos, a la mayor gloria de Dios y a la salvación de las almas.
Santa Cruz de Tenerife, 20 de Octubre del Año Santo de 1950
A LOS PIES DE VUESTRA SANTIDAD»
El portador a Roma de este precioso documento para su en¬trega al Santo Padre fue el representante de la Excma. Mancomu¬nidad Provincial en la Peregrinación Tínerfeña, D. Estanislao López de Vergara y Larraondo, asistido, también por nombra¬miento oficial, de los siguientes señores peregrinos: Rvdo. P. Luis María Eguiraun S. J., Delegado del Excmo. Sr. Obispo de la Diócesis; D. Adalberto Benítez Tugores, Consejero del Excelen¬tísimo Cabildo Insular de Tenerife; D. José María Roig Castro, Teniente de Alcalde del Excmo. Ayuntamiento de esta Capital; Don Alonso de Ponte Llarena, Teniente de Alcalde del Ex¬celentísimo Ayuntamiento de la Orotava; D. Justo Díaz Luis. Concejal del propio Excelentísimo Ayuntamiento de la Oro- tava; D. José García Ortega, Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Tenerife; D. Ciro Ucelay Marcoida, Presidente de la Junta Diocesana de Acción Católica; D. Faustino Martín Alber¬tos, ex Diputado provincial y Abogado; Doña Mencía Beautell de Miranda, Vice-Presidente del Consejo Diocesano de Acción Católica; Srta. Herminia Machado Méndez-Fernández de Lugo, Vocal del Grupo de Mujeres de Acción Católica; Doña María Luisa Massieu y Pimienta; D. Luis Van-de-walle Carballo, Ar¬cipreste de Santa Cruz de la Palma; D. Jesús Cabrera Medina, Párroco de San José de esta Capital; D. Luis Reyes Pérez, Párro¬co de Ntra. Sra. de la Paz, de La Laguna; D. José Trujillo Ca¬brera, Consiliario de Acción Católica; D. Fernando del Hoyo Machado, Vizconde de Buen Paso; D. Alberto del Hoyo Machado, D. Tomás de Ascanío Monteverde y D. José Capote Jiménez. Esta Comisión cumple el encargo de la Excma. Mancomunidad Provincial, depositando el valioso documento de que fue porta¬ra a los pies de Su Santidad, a través de la Secretaría de Estado del Vaticano.
Si fecunda es la tierra que acaricia nuestro sol y nuestro aire y riega nuestro cielo, no es menos prodigiosa el alma del pueblo canario ungida por el clima espiritual que sobre ella proyecta nuestra excelsa religión cristiana. Sazonado fruto de este campo isleño, en plena fragancia y madurez, ha sido el presente que la Peregrinación Tinerfeña ha transportado a Roma: la ejemplaridad, sublimada con olor de santidad, del más preclaro de sus hijos, el P. Anchieta y el clamor ferviente de un pueblo que, postrado de hinojos, suplica al Vicario de Cristo en la tierra acelere el momen¬to de su elevación a los altares.
Nunca un pueblo puede ser más honrado que cuando vibra como la Provincia de Tenerife a impulsos de estos motivos espi¬rituales, porque en la tierra no puede haber valimiento más excelso que el ofrecido por un hombre que, como el P. Anchieta, supo poner su talento, su valor, su trabajo y santidad al servicio de la mayor honra y gloria de Dios y provecho de la Humanidad.
