Varios municipios del norte de Tenerife preparados para correr los cacharros

Los Realejos y San Juan de la Rambla rescataron hace varios años la tradición de arrastrar latas y cacharros ruidosos por las calles para festejar la víspera de San Andrés y la llegada del vino nuevo. Puerto de la Cruz, La Orotava y Garachico mantienen viva la tradición.

Varios municipios norteños apuestan el mañana por seguir la vieja tradición de correr el cacharro en la víspera de San Andrés. La Orotava o Garachico mantienen viva una tradición muy vinculada al vino nuevo y las castañas que también se celebra con el arrastre de las tablas en Icod, La Guancha y la parte alta de Garachico.

El Puerto de la Cruz trabaja como es costumbre con los colegios del municipio el mantenimiento de esta tradición. En La Orotava, colegios, asociaciones de madres y padres de alumnos y colectivos de empresarios, que organizan una gran castañada, también apuestan por mantener los cacharros en las calles.

La vieja tradición de correr el cacharro

Correr el Cacharro. Acto señalado de las fiestas en honor a San Andrés celebrado en el Valle de La Orotava y otras localidades del norte de la isla de Tenerife, pero principalmente en el Puerto de la Cruz. Los niños y jóvenes, tras pasar días recolectando cacharros (latas, hasta electrodomésticos, bañeras, chatarra y cualquier objeto viejo que haga ruido) los ensartan en una verga (alambre) y al anochecer del día 29 de noviembre salen a las calles, armando un verdadero escándalo que llama la atención a los turistas que visitan la isla. Esta fiesta está íntimamente relacionada la apertura de las bodegas, y es tradicional acompañar el vino nuevo con castañas asadas y sardinas u otro pescado salado.

El origen de esta práctica es muy oscuro. Las explicaciones son fruto de la leyenda. Se cuenta que el objeto de correr cacharros era hacer ruido para ahuyentar a la langosta o a las brujas; también que como San Andrés era cojo, llegó «borracho» y cargado de cacharros días después a su fiesta; o que San Andrés se quedó dormido y hubo que despertarlo con el ruido de los cacharros que los niños habían colgado de sus ropas. Pero la que tiene más peso y relatada por investigadores es que en la víspera del días de San Andrés los dueños de las bodegas, para poder dar entrada al vino nuevo, bajaban a la costa para limpiar los toneles con agua salada, y se hacían rodar por las pendientes hasta la orilla del mar haciendo el ruido característico que luego los niños y jóvenes reproducían con sus cacharros.

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