BATALLA DE DON CARNAL Y DOÑA CUARESMA, “DE LA PELEA QUE TUVO DON CARNAL CON LA CUARESMA” del Arcipreste de Hita y “El Libro de Buen Amor” (y II)

Como había el buen hombre muy de sobra comido
y, con la mucha carne, mucho vino bebido,
estaba abotargado, estaba adormecido;
por todo el real suena de alarma el alarido.

Todos amodorrados fueron a la pelea;
forman las unidades mas ninguno guerrea.
La tropa de la mar bien sus armas menea
y lanzáronse a herir todos, diciendo: -“¡Ea!”

El primero de todos que hirió a don Carnal Combate entre los
fue el puerro cuelliblanco, y dejólo muy mal, ejércitos de ambos
le obligó a escupir flema; ésta fue la señal. combatientes y
Pensó doña Cuaresma que era suyo el real. descripción del de
doña Cuaresma.

Vino luego en su ayuda la salada sardina
que hirió muy reciamente a la gruesa gallina,
se atravesó en su pico ahogándola aína;
después, a don Carnal quebró la capellina.

Vinieron muchas mielgas en esta delantera,
los verdeles y jibias son, del flanco, barrera;
dura está la pelea, de muy mala manera,
caía en cada bando mucha buena mollera.

De parte de Valencia venían las anguilas,
saladas y curadas, en grandes manadillas;
daban a don Carnal por entre las costillas,
las truchas de Alberche dábanle en las mejillas.

Andaba allí el atún, como un bravo león,
encontró a don Tocino, díjole gran baldón;
si no es por la cecina que desvió el pendón,
a don Lardón le diera en pleno corazón.

De parte de Bayona venían los cazones
que mataron perdices y castraron capones;
desde el río de Henares venían camarones,
hasta el Guadalquivir llegan sus tendejones.

Allí, con los lavancos, lidiaban barbos, peces;
la pescada habla al cerdo: -“¿Do estás que no apareces?
Si vienes ante mí, te haré lo que mereces.
Métete en la Mezquita, no vayas a las preces.”

Allí viene la lija, en aquel desbarato,
tiene el cuero muy duro, con mucho garabato;
a costillas y a piernas dábales muy mal rato,
enganchándose en ellas, como si fuera gato.

Acudieron del mar, de pantanos y charcos,
especies muy extrañas y de diversos marcos,
traían armas fuertes y ballestas y arcos:
¡negra lucha fue aquesta, peor que la de Alarcos!

De Santander vinieron las bermejas langostas,
muchas saetas traen en sus aljabas postas,
hacen que don Carnal pague todas las costas;
las plazas, que eran anchas, parecían angostas.

Se había pregonado el año jubileo
y de salvar sus almas todos tienen deseo;
cuantos en el mar viven, venían al torneo;
arenques y besugos vinieron de Bermeo.

Allí andaba la hurta, con muchos combatientes,
derribando y matando a las carnosas gentes;
matan a las torcazas las sabogas valientes,
el delfín al buey viejo arrancóle los dientes.

Los sábalos y albures y la noble lamprea,
de Sevilla y Alcántara, entran en la pelea;
sus armas cada uno en don Carnal emplea
no le sirve de nada aflojar la correa.

Muy bravo andaba el sollo, un duro zagalón,
en su mano traía gran maza de trechón;
dio en medio de la frente al puerco y al lechón,
mandó que los salasen con sal de Belinchón.

El pulpo a los pavones no dejaba parar,
ni aun a los faisanes permitía volar,
a cabritos y gamos queríalos ahogar;
con tantas manos, puede con muchos pelear.

Allí luchan las ostras con todos los conejos,
con la liebre combaten los ásperos cangrejos;
de una y otra parte bien baten los pellejos,
de escamas y de sangre van llenos los vallejos.
Fernado Carratalá Teruel

Allí combate el conde de Laredo, muy fuerte:
el congrio, seco y fresco, que trajo mala suerte
a don Carnal; le acucia y le empuja a la muerte.
Don Carnal está triste, inconsolable, inerte.

Cobrando algún esfuerzo, levantó su pendón,
valiente y esforzado va contra don Salmón
el cual de Castro Urdiales llegaba a la sazón;
hizo frente el hidalgo, no le dijo que no.

Porfían mucho tiempo, ambos pasan gran pena;
si a don Carnal dejaran, triunfara en la faena,
mas vino contra él la gigante ballena;
abrazóse con él, derribólo en la arena.

Casi toda su tropa estaba ya vencida,
parte de ella muriera, parte se dio a la huida,
pero, aun derrotada, siguió en la acometida;
peleó cuanto pudo, con mano enflaquecida.

Ya conservaba pocas de sus muchas compañas;
el jabalí y el ciervo huyen a las montañas,
le van abandonando las otras alimañas,
las que con él quedaron no valen dos castañas.

Si no es por la cecina con el grueso tocino
-que estaba ya amarillo, pasado y mortecino
y luchar no podía de gordo, sin el vino-,
se encontraría aislado, rodeado y mezquino.

La mesnada del mar reunióse en tropel, Victoria de doña
picando las espuelas, dieron todas en él; Cuaresma y
no quisieron matarle, tuvieron pena de él prisión de don
y, junto con los suyos, le apresan en cordel. Carnal.

Trajéronlos atados, para que no escapasen,
ante la vencedora, antes que se librasen;
mandó doña Cuaresma que a don Carnal guardasen
y que a doña Cecina y al tocino colgasen.

Mandó colgarlos altos, a modo de atalaya;
que, para descolgarlos, allí ninguno vaya.
Pronto los ahorcaron en una viga de haya;
el sayón va diciendo: -“Quien tal hizo, tal haya.”»

Mandó que a Don Carnal custodiase el Ayuno;
cerrado lo tuviesen, no lo vea ninguno
si enfermo no estuviese, o confesor alguno;
que le diesen al día tan sólo manjar uno.

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