EL CALLEJÓN DE LA CAZA Y LAS ÁNIMAS DE DON JERÓNIMO DE GRIMÓN Y SOR ÚRSULA DE SAN PEDRO (II). Por Julio Torres Santos

sorusula II

Cuando llegué al portalón de acceso al viejo cenobio del convento de las monjas catalinas, justo donde existe una hermosa hornacina de cantería del país que presta digno acomodo al mosaico sevillano cuyos azulejos componen una – más o menos- lograda imagen de una Dolorosa, atrajeron fascinantemente mi atención dos pequeñas lámparas de aceite… ¿Quizá porque otorgaban un sugestivo encanto al callejón de La Caza? ¿Quizá porque…? Entre la tenue luz que irradiaban las lamparillas, amparada en la oscuridad y la niebla, vislumbré a una anciana de vestimenta pobre y, de seguro que, de otros tiempos. Aunque siempre me ha parecido un sueño, aún recuerdo su apariencia frágil y, al mismo tiempo, tan enérgica y valiente que no temía al misterio del lugar, ni a la vespertina hora; tampoco al frío de la madrugada, ni a… Extrañado y, al mismo tiempo, fascinado, puede contemplar cómo encaminaba, diligentemente y con premura, sus pasos hacia la Virgen. Fue entonces cuando…

…Le pregunté: Señora, ¿necesita ayuda?

– ¡No! – me contestó. Muchas gracias, caballero… Sólo me acerco para poner algunas onzas más de aceite a las lámparas.

No hace falta decir que su apariencia ya había despertado mi interés. Pero ya el término “onzas” hizo sonar todas las alarmas….Por eso, utilicé la redundancia…

– No entiendo, ¿para poner más aceite a las lámparas?

– ¡Sí!, para limpiar el buen nombre de mi ama –exclamó, llevando el puño cerrado de su mano derecha a su corazón, con inusitado fervor-. Conozco de vos, gentil caballero, que sois tan hábil escribiendo con la pluma, como argumentando con la palabra. Por eso sé que en vos puedo confiar para que pregonéis esta lúgubre historia, sin que haya duda sobre la virtud de sor Úrsula, ni sobre el honor de don Jerónimo. Podéis verme porque he venido a contaros la historia de lo que sucedió en este paraje.

Impresionado por lo extraño de la situación, pero, también, temeroso, sentí que se me helaba la sangre (¿me vino a buscar?.. Pensé, entre otras cosas). Aún así pude balbucear:..

…- O sea, que ha venido a cotarme una historia de este paraje, ligada con su ama…

Me pareció que sonreía, mostrando una dentadura desprovista de algunos –muchos, siendo objetivos- de sus miembros. Luego me narró la historia que siempre ha contado; faltaban oídos atentos y respetuosos con nuestra Historia y la Verdad (ambas con mayúsculas). Afortunadamente, en esta ocasión, sí halló a un interlocutor, tan atento como respetuoso con sus palabras, que narraron el final trágico de una historia de amor.

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