El patrimonio también merece que se predique con el ejemplo. Por Julio Torres

Predicar con el ejemplo no parece ser precisamente una prioridad para la Concejalía de Cultura de La Laguna. Mientras en los eventos se reparten abanicos y sombreros de paja, o incluso mantas cuando no hace frío, la fachada del antiguo Convento de Santo Domingo de Guzmán presenta una imagen descuidada, cubierta en parte por lonas publicitarias.
La Concejalía de Cultura, dirigida por Dailos González Ferrera, debería ser la primera en cuidar la imagen de un edificio de alto valor patrimonial. Sin embargo, las pancartas colocadas en la fachada que da a la plaza de Santo Domingo afean el inmueble y deslucen uno de los espacios históricos más destacados de la ciudad.
Promocionar exposiciones y actividades culturales es necesario, pero también lo es hacerlo de una manera respetuosa con el entorno. La cultura y la conservación del patrimonio deben ir de la mano, especialmente cuando es la propia administración pública la responsable de ambas.
El antiguo Convento de Santo Domingo de Guzmán ocupa un lugar destacado en la entrada histórica de San Cristóbal de La Laguna, junto al antiguo camino que comunicaba la ciudad con Santa Cruz. La comunidad dominica se fundó en 1522 y se estableció en este emplazamiento en 1527, cuando comenzó la construcción del conjunto conventual.
Los religiosos permanecieron allí hasta la desamortización y exclaustración de 1836. Desde entonces, el edificio ha tenido diversos usos: fue casa parroquial, cárcel eclesiástica, residencia episcopal y Seminario Eclesiástico Conciliar. En la actualidad acoge actividades culturales y dependencias administrativas.
El conjunto conserva elementos de gran interés, como el claustro principal, la escalera de piedra, sus patios y galerías, así como una capilla vinculada a Amaro Rodríguez Felipe, conocido como Amaro Pargo. La iglesia, que continúa destinada al culto, muestra en sus naves, capillas y cubiertas las distintas etapas de construcción y transformación del templo.
La importancia del lugar cuenta, además, con reconocimiento legal: la iglesia fue protegida como monumento histórico-artístico en 1985 y, en 2008, el antiguo convento y su entorno fueron declarados Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento.
Por todo ello, resulta difícil entender que un inmueble de esta relevancia presente una fachada cubierta de lonas y con evidentes signos de deterioro. La Concejalía de Cultura debería buscar soluciones más cuidadosas para anunciar sus actividades y prestar la atención que merece la conservación de este espacio.
Cuidar la cultura también significa cuidar los edificios que la acogen. Y en un lugar como el antiguo Convento de Santo Domingo, la mejor forma de defender el patrimonio es empezar por dar ejemplo.
