La Laguna Ahora por España de Fiesta y celebraciones de septiembre: La Virgen de Allende, tradición y devoción en Ezcaray, La Rioja

Cada mes de septiembre, cuando el verano comienza a despedirse de la Sierra de la Demanda, Ezcaray vuelve la mirada hacia una de sus tradiciones más queridas: las fiestas en honor a Nuestra Señora de Allende, patrona de la villa y de sus aldeas
Las celebraciones tienen lugar en torno al 24 de septiembre, día dedicado a la Virgen, y constituyen uno de los acontecimientos de mayor arraigo sentimental y religioso del calendario ezcarayense. Durante estas jornadas, vecinos, familias que regresan al pueblo y visitantes se reúnen en unas fiestas en las que conviven la devoción, la música, el folclore y la convivencia popular.
El 24 de septiembre, el día grande
El momento central de las fiestas llega en la tarde del día 24 con la tradicional procesión de Nuestra Señora de Allende. La imagen parte de la iglesia parroquial de Santa María la Mayor y recorre las calles de Ezcaray hasta regresar a su ermita.
La Virgen es llevada a hombros sobre sus características andas de plata y acompañada por numerosos vecinos y devotos. Junto a ella participan tradicionalmente el grupo de danzas, la Banda Municipal de Música, los gaiteros y las autoridades civiles y religiosas.
Las danzas tradicionales interpretadas durante el recorrido aportan uno de los elementos más vistosos y emotivos de la procesión. Música, baile y religiosidad popular se entremezclan mientras la comitiva avanza por las calles de la villa.
Antes de la procesión, la jornada suele comenzar con la diana de gaiteros y músicos. A mediodía se celebra la misa solemne en honor a Nuestra Señora de Allende y, ya por la tarde, otro de los momentos especialmente emotivos es la jota dedicada a la Virgen, interpretada antes de iniciar el camino hacia la ermita.
Una ermita estrechamente unida a Ezcaray
La ermita de Nuestra Señora de Allende ocupa un lugar especial en la vida y en el paisaje de Ezcaray. Más allá de su carácter religioso, representa un punto de referencia sentimental para generaciones de ezcarayenses.
Precisamente por ello, la llegada de la imagen a la ermita constituye uno de los momentos de mayor emoción de las fiestas. La celebración no pertenece únicamente al casco urbano: la advocación de Nuestra Señora de Allende está vinculada también a las aldeas del entorno, lo que explica la presencia tradicional de fieles procedentes de distintos puntos del valle.
Gigantes, cabezudos, música y celebraciones populares
Las fiestas de Allende no se limitan a los actos religiosos. Durante varios días, las calles y plazas de Ezcaray se convierten en espacios de encuentro.
La comparsa de gigantes y cabezudos, acompañada por los gaiteros, es una de las protagonistas habituales, especialmente entre los más pequeños. A ella se suman conciertos, orquestas, degustaciones y diferentes actividades populares.
Entre las costumbres que han formado parte de los programas festivos se encuentra también el tradicional encendido de la hoguera, acompañado del reparto de sardinas, una cita que reúne a vecinos y visitantes en vísperas del día grande.
Tras la festividad de la Virgen llega el llamado Día de Gracias, que prolonga el ambiente festivo. Tradicionalmente se celebra una misa de acción de gracias en la ermita y diferentes actos de carácter popular. La comida, las cuadrillas y las actividades en las calles vuelven a convertir el centro de Ezcaray en lugar de reunión.
Y, como sucede con tantas fiestas populares, también existe un momento simbólico para anunciar que la celebración llega a su fin: el entierro de la cuba, con el que Ezcaray despide sus fiestas y comienza a esperar las del año siguiente.
Una tradición que pasa de generación en generación
Las fiestas de Nuestra Señora de Allende son, sobre todo, una expresión de identidad colectiva. Quienes las viven desde niños reconocen sonidos, imágenes y costumbres que se repiten año tras año: las campanas, los gaiteros, los gigantes y cabezudos, la jota, las danzas, las andas de plata y el camino de la Virgen hacia su ermita.
Ese carácter intergeneracional explica que las fiestas mantengan su fuerza. Para muchos ezcarayenses son también días de regreso y reencuentro, una ocasión para volver a compartir las calles, las plazas y las tradiciones de la villa.
En una localidad profundamente vinculada a su paisaje, su patrimonio y sus costumbres, Nuestra Señora de Allende continúa siendo uno de los grandes símbolos de unión entre Ezcaray y sus aldeas.
Cuando llega septiembre y la Virgen vuelve a recorrer las calles entre música, danzas y vecinos, Ezcaray no solo celebra una fiesta patronal. Celebra una tradición transmitida durante generaciones y una parte esencial de su memoria colectiva.
