Ventas, bodegas, tabernas y cafeterías del entorno de la Catedral de La Laguna: «Antonio el Puntero» (IV). Por Julio Torres

Por la izquierda: Antonio el Puntero, Antonio Caridad (Coll), Emilio González Antón, “Pupi” (Tip), y un tercer hombre y cuarto hombre cuya identidad, por el momento, se nos escapa.
Casa el Puntero: aquellos carnavales de La Laguna
En tiempos de Carnaval, como no podía ser de otra manera, Casa el Puntero se convertía en uno de aquellos lugares donde la fiesta comenzaba mucho antes de llegar a los grandes bailes.
Era, sobre todo, durante las horas de la tarde y primeras de la noche cuando el bar adquiría un ambiente especial. Por allí pasaban quienes, después, bajarían a Santa Cruz para sumergirse en el bullicio del Carnaval, pero también los que preferían quedarse en La Laguna y acudir a los bailes de Leal o participar de aquel carnaval lagunero que durante un tiempo comenzó a adquirir cierta fuerza y que, sin embargo, acabaría desapareciendo.
Antes de emprender camino, había que pasar por el Puntero.
Y, naturalmente, por allí pululaban algunos de los personajes inolvidables de aquellos carnavales. Estaba Ramallo; estaba el Foti Foti; y estaba Pepe el Manco, viviendo el Carnaval con aquella intensidad suya, llorando y desesperándose por la fiesta.
Tampoco faltaban quienes aparecían pintados de negro, ni personajes como los Ferrujas o el Cañizo, este último con su inseparable caña de pescar, su bicicleta y aquel bañador a rayas que parecía sacado directamente de los años veinte.
Eran personajes que hoy pertenecen a la memoria popular de una ciudad que vivía sus fiestas de una manera muy distinta.
«Pupi» y Antonio «Caridad»
Entre aquella singular galería carnavalera ocupaban un lugar destacado Emilio González Antón, “Pupi”, y Antonio Caridad. Ambos tenían una extraordinaria facilidad para disfrazarse y caracterizar a personajes muy diversos. Especialmente durante los años setenta dieron vida a tipos que terminaron siendo familiares para quienes frecuentaban aquellos carnavales.
La fotografía que acompaña este capítulo constituye precisamente un magnífico testimonio de aquel ambiente.
A la izquierda aparece Antonio Caridad (Coll), mostrando un diploma a Antonio el Puntero, Y aquel diploma, como tantas otras cosas que ocurrían en Casa el Puntero, tenía detrás su propia historia: se había concedido como reconocimiento —mitad serio y mitad en broma— por aguantar aquellas interminables tabarras de los días previos al Carnaval y de las propias jornadas carnavaleras.
Y completa la escena Emilio González Antón, “Pupi” (Tip), y un tercer hombre cuya identidad, por el momento, se me escapa. Su rostro me resulta conocido y lo relaciono vagamente con el mundo de la Universidad o quizá con el Juzgado, aunque no me atrevo a asegurarlo. Tal vez alguno de quienes vean publicada esta fotografía pueda ayudarnos a ponerle nombre y recuperar, con ello, otro pequeño fragmento de nuestra memoria. Porque también de eso se trata: de reconstruir entre todos una época y una ciudad.

Bocetos de los hermanos Dávila «Fiestas de La Laguna.
Un paréntesis necesario
Conservo todavía una enorme cantidad de recuerdos, fotografías, historias y asuntos relacionados con Casa el Puntero. El Carnaval daría, por sí solo, para seguir contando durante mucho tiempo. Pero estamos en septiembre y La Laguna se encuentra inmersa en las Fiestas del Cristo.
Por eso creo necesario hacer aquí un paréntesis.
No hemos hablado de la Semana Santa, tampoco nos hemos acercado a la Romería de San Benito y hemos recordado ahora aquellos carnavales. Pero el calendario nos obliga a dar un salto y detenernos en unas fiestas que forman parte esencial de la historia sentimental de La Laguna: las fiestas del Santísimo Cristo Y Casa el Puntero también tuvo mucho que ver con ellas.
Habrá que hablar de las procesiones del Cristo, de los quinarios y de aquellas procesiones de traslado. Habrá que recordar Casa Antonino, situada al lado del Santuario, y reconstruir todo aquel pequeño universo de relaciones, costumbres y personajes que rodeaba las celebraciones.
Porque, si se me permite la expresión, Casa el Puntero era casi la sacristía de la Catedral.
Allí acababa confluyendo buena parte de la vida de la ciudad. Lo religioso y lo profano, las fiestas y las procesiones, los carnavales y las romerías, los personajes populares y las personas vinculadas a las instituciones. Todo encontraba, de una manera u otra, su sitio alrededor de aquel mostrador.
Y quedan muchas historias interesantes que contar
Pero esas las dejamos para el próximo capítulo. Por ahora aparcamos el Carnaval, aunque volveremos a él. También retomaremos las fiestas de San Benito y, quién sabe, quizá terminemos siguiendo el calendario hasta llegar a la Navidad, a los belenes y a tantas otras tradiciones que también tuvieron su reflejo en Casa el Puntero.
Porque contar la historia de aquel establecimiento es, en buena medida, recorrer el calendario festivo y sentimental de La Laguna, hoy cerramos, pues, las puertas del Carnaval. Mañana las volveremos a abrir para recibir al Cristo.
