A la Iglesia y Convento de Santo Domingo de La Laguna

Entre calles de piedra y tiempo antiguo,
donde La Laguna guarda su memoria,
se alza tu silueta serena y firme,
escribiendo en silencio la historia.

Naciste al alba del siglo primero,
cuando la fe levantó tus cimientos;
claustro de estudio, oración y encuentro,
refugio de almas y pensamientos.

Tus muros han visto pasar los siglos,
la voz del fraile, el rumor del campanario;
el eco de quienes buscaron justicia,
consuelo, esperanza y santuario.

En tu iglesia resplandece el arte,
madera, piedra, plata y devoción;
cada capilla guarda un susurro,
cada imagen, una oración.

Aquí descansa la huella de un pueblo,
la memoria de quienes dieron honor;
y el viento que cruza la plaza cercana
parece cantar un antiguo loor.

Convento e iglesia de Santo Domingo,
joya de Tenerife y de la fe,
eres faro de la ciudad Patrimonio,
un puente entre el ayer y el hoy también.

Que nunca el tiempo borre tu belleza,
ni el olvido apague tu esplendor;
porque en tus piedras vive la historia,
y en tus campanas, la voz del Señor.

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