Pinceladas de otros carnavales: Jueves Lardero en La Rioja que se sienta a la mesa antes de la Cuaresma

En el calendario festivo riojano hay fechas que no necesitan grandes desfiles ni fuegos artificiales para mantenerse vivas. Una de ellas es el Jueves Lardero, una jornada marcada por la tradición, la gastronomía y el encuentro social, que cada año reúne a familias y cuadrillas en torno a una mesa sencilla, pero cargada de simbolismo.
El Jueves Lardero se celebra el jueves anterior al Miércoles de Ceniza, justo antes del inicio de la Cuaresma. Su origen se remonta a la Edad Media, cuando la Iglesia establecía un periodo de abstinencia y ayuno en el que estaba prohibido comer carne. Por eso, este día se convirtió en la última oportunidad para disfrutar de los productos del cerdo y otros alimentos “contundentes” antes de entrar en semanas de mayor sobriedad alimentaria.
El propio nombre lo delata: lardero procede de lardum, término latino que hace referencia a la grasa o al tocino. No es casualidad que, todavía hoy, el refrán más repetido sea claro y directo: “Jueves Lardero, pan, chorizo y huevo”. Una fórmula simple que resume el espíritu de la jornada.
En La Rioja, aunque no es una fiesta con el mismo peso institucional que en otras comunidades, la tradición se mantiene viva en muchos pueblos y también en ciudades como Logroño. Es habitual que grupos de amigos y familias aprovechen el día para organizar meriendas, comidas campestres o encuentros informales en los que el chorizo, el pan y los huevos son los protagonistas indiscutibles, casi siempre acompañados —cómo no— por un buen vino de la tierra.
En algunas localidades riojanas, la celebración conserva además un marcado carácter popular y participativo. Existen pueblos donde los jóvenes salen por las casas pidiendo alimentos para organizar después una merienda colectiva, o donde se mantienen rituales simbólicos vinculados al final del invierno y al inicio del ciclo festivo del Carnaval. Estas costumbres, transmitidas de generación en generación, refuerzan el papel del Jueves Lardero como fiesta de comunidad y de convivencia.
Más allá de lo gastronómico, el Jueves Lardero funciona como una frontera en el calendario: es el último día del “exceso” antes de la contención cuaresmal y, al mismo tiempo, una antesala del ambiente festivo del Carnaval. En un mundo cada vez más acelerado, esta cita recuerda la importancia de parar, sentarse a la mesa y compartir.
Hoy, sin necesidad de ayunos obligatorios ni prohibiciones estrictas, la tradición sigue teniendo sentido. Se celebra no tanto por lo que se deja de comer después, sino por lo que representa: la excusa perfecta para reunirse, mantener vivas las costumbres y celebrar la identidad gastronómica y cultural de La Rioja.
Porque, al final, hay tradiciones que sobreviven no por obligación, sino porque saben a casa, a pan recién cortado y a chorizo compartido entre amigos.
