Ayer fue inaugurado el camino circular de la Pasarela Jacobea del Padre Anchieta, en La Laguna

Desde ayer se puede hacer el camino de Pasarela-Jacobea del Padre Anchieta, en La Laguna.
Cada vuelta a la Pasarela Jacobea supone un recorrido 314 metros. Cien vueltas bastan para completar una etapa de 31,4 kilómetros, una distancia que no se conquista solo con las piernas, sino también con paciencia, constancia y carácter. No es un camino al uso: es repetición, es insistencia, es un diálogo continuo entre el caminante y el paisaje, compuesto por el constante atasco de tráfico y la polución inherente en la zona.
Este nuevo sendero lagunero se asienta a 543 metros sobre el nivel del mar, con el océano respirando a apenas diez kilómetros. Esa cercanía marina suaviza los extremos: aquí los veranos y los inviernos son más benévolos que en la península. Durante los meses estivales, el termómetro suele moverse entre los 25 y 30 grados, mientras que en invierno desciende con moderación hasta situarse entre los 7 y 14 grados. Un clima que invita a caminar, pero que nunca permite el descuido.

Sello concedido para el certificado del primer camino circular Jacobeo lagunero.
La lluvia es otra historia. Siempre presente, casi inevitable, se manifiesta de múltiples formas: el calabobos persistente, la sorimba fina y traicionera o los chaparrones más serios, empujados por los alisios del norte, que azotan con fuerza y ponen a prueba la voluntad. Será, sin duda, el mayor adversario del caminante. Quien no lo crea, lo comprobará paso a paso.
Por eso, el calendario también camina. Junio y julio se revelan como los meses más amables: días largos, cielos más generosos y temperaturas agradables, aunque no exentas de momentos en los que el calor supera los 29 grados y recuerda que ningún camino regala sus metas.
La Pasarela Jacobea no se mide solo en metros o kilómetros. Se mide en vueltas, en silencios, en lluvia sobre la piel y en la obstinada decisión de seguir avanzando.
