El día de la Concepción -8 de diciembre- comenzaba la producción de pasteles (II). Por Julio Torres Santos

Recreación del taller María Gracia con sus vendedoras de pasteles en la lagunera calle de San Agustín. Diseño Julio Torres Santos.

El día de Navidad en casa de María Gracia: María Gracia tuvo su taller en una antigua casa solariega en la calle San Agustín, hoy desaparecida, propiedad de la familia de Nava

Cuando llegaba la Navidad, y especialmente en Nochebuena, el taller de María Gracia se transformaba. Para recibir convenientemente, entre aromas de brezo y romero, a los asiduos clientes de entonces, sus operarios bajaban de los montes circundantes el ramaje necesario para engalanar el zaguán y el patio de la antigua casona.

La fama de sus pasteles fue tal que acudían a encargarlos –e incluso a consumirlos allí mismo, acompañándose de una copita de anís o mistela- gentes procedentes de toda la Isla, si bien eran mayoritariamente laguneros y vecinos de Santa Cruz. Y es que los pasteles laguneros se hicieron imprescindibles en las Navidades tinerfeñas, como denota esta copla, por demás cruel.

Esta noche es Nochebuena,
noche de comer pasteles;
el que no tiene dinero
se arrima “pa” las paredes.

Las vendedoras de pasteles: Hoy es la iluminación navideña de las calles, el tumulto de gentes o el horario de apertura de los comercios; pero entonces eran las gangocheras -vendedoras ambulantes del producto de temporada, en este caso pasteles- las que anunciaban la proximidad de la Navidad.

Sólo algunos afortunados pueden evocar en su memoria el recuerdo de estas entrañables vendedoras de pasteles, con su balayo a la cabeza, su farol en la mano y su pregón en la boca, que luchaba por prevalecer sobre el voceado por las paveras y vendedoras de ñames:

“¡ Ay qué pasteles calentitos, qué pasteles!”

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