25 Aniversario «La Laguna Patrimonio Mundial»: La Custodia de Santo Domingo de Guzmán de La Laguna

Una de las obras más interesantes de plata labrada, existentes en Tenerife, es la custodia de la parroquia de Santo Domingo de la ciudad de La Laguna
Es Santo Tomás de Aquino la figura central de esta creación artística. Hartos motivos tuvo el dibujante para esculpir aquí al Doctor angélico. Santo Tomás es el autor de la más honda y bella teología sobre el Santísimo Sacramento, contenida en su obra cumbre: la Suma teológica. No es sólo el más profundo teólogo de la Eucaristía, sino también el más delicado poeta eucarístico, ya que su “Oficio del Santísimo” evidencia su vuelo poético y su arrobo místico. Con sobrada razón, pues, el artista puso a Santo Tomás como sustentador del viril. No se olvidó el dibujante de idear elementos decorativos, que evocasen a Santo Domingo de Guzmán y a la Orden de Predicadores, puesto que la obra destinábase a un convento dominico, como lo era, en la época en que la custodia se labró, la iglesia que hoy posee esta joya de arte religioso.

Iglesia y convento de Santo Domingo, La Laguna 1931.
La ciudad de La Laguna celebró en 1892, en la Salas Capitulares de la Catedral, una exposición religiosa y retrospectiva, y en ésta expuso la custodia de Santo Domingo
El escritor Manuel Picar y Morales, en reseña que de este acto hizo y que incluyó en su libro “Tiempos mejores”[1], dedicó elogiosas líneas a la obra referencia. Y así escribe: “Entre las piezas sagradas de alto mérito, figuraba, en primer término, la custodia de la Iglesia de Santo Domingo; es de plata sobredorada, obra de Ildefonso de Sosa (primer tercio del siglo pasado) y es sin disputa la mejor joya que encierra La Laguna como obra de platería del arte cristiano. El viril está sostenido por una estatuita de Santo Tomás de Aquino de bellísima y peregrina ejecución, digna de fijar la atención de los genios del arte, Benlliure, Mérida y Suso. Su trabajo es limpio y delicado, sus detalles del mejor ingenio, sus líneas de dibuja de la mayor corrección, severidad y gracia, y una esbeltez y simpatía en el conjunto capaces de arrobar a la inteligencia más exigente”.
El cronista lagunero , don José Rodríguez Moure, describe también, acaso con más exactitud que Picar y Morales, la custodia, en su “Guía histórica de La Laguna”, escrita en 1900, y dice, al hablar de la parroquia de Santo Domingo: “De la opulencia de este templo todavía se conservan buenos y valiosos restos. Las alhajas de Nuestra Señora del Rosario, su trono de chapa de plata repujada, el sepulcro del Santo Entierro, del mismo material, y algunas otras piezas, escapadas, casi por milagro, de la rapacidad del Estado o de sus representantes, así lo acreditan.
Descuella sobre todo una hermosísima custodia, cuyo cuerpo de ráfagas de tres arcos tribolados lo sostiene un Santo Tomás de Aquino, perfectamente esculpido; forma el centro del viril la bola del mundo de cristal, coronada de cruz, dentro de la cual se colocan las especies sacramentales, y a que da calor la llama de la vela que sostiene en la boca el perro, símbolo del Patriarca de la Orden. Lo peregrino de la idea y lo perfecto de la ejecución colocan esta alhaja entre las primeras obras de orfebrería que pueden presentarse en el país. Según consta de dos inscripciones, José Rodríguez hizo el dibujo e Ildefonso de Sosa ejecutó en 1734”.

Iglesia de Santo Domingo, La Laguna a finales de los años 40.
Pero el entusiasmo de Picar y de Rodríguez Moure hubiera subido de punto, si se hubiesen dado cuenta de que se trataba de una obra creada en Tenerife
El “Elogio fúnebre de don José Rodríguez de la Oliva”, escrito por don Lope Antonio de la Guerra que utilizó como fuente para la monografía que del pintor La Oliva se publicó en 1943, es el documento que, principalmente, me ha servido para calificar de obra canaria esta preciosa custodia de Santo Domingo.
El citado don Lope, en su referido elogio, afirma de José Rodríguez de la Oliva lo siguiente: “Él era el alma o director de cuanto se trabajaba de bueno en pintura, escultura, bordado y aun piezas de plata, y otras cosas que necesitaban de inteligencia superior a la de todos los artífices. Él dirigió las andas o custodia que tienen los Padres Dominicos, simbólicas en mucha parte en que entra la imagen del Doctor angélico que sostiene el viril”.
La custodia de Santo Domingo ostenta dos inscripciones: una, en la orla del manto de Santo Tomás y que dice, resueltas las abreviaturas: “Joseph Rodríguez, inventor”, y otra al pie de la custodia, que expresa: “Ildephonsus de Sosa me fecit. Anno 1734”.
No cabe, pues, duda de que el dibujante José Rodríguez que aparece en la inscripción primera de la custodia es el pintor lagunero José Rodríguez de la Oliva, apellidado “el Moño”, a quien alude en las transcritas palabras don Lope Antonio, y, por consiguiente, la custodia de que habla el referido biógrafo es la que posee actualmente la parroquia de Santo Domingo de La Laguna, que fue la iglesia de los Padre Dominicos de que Don Lope habla.
Si, como afirma el autor del “Elogio fúnebre”, don José Rodríguez de la Oliva dirigió la obra de la custodia, el taller de Ildefonso de sosa, que en la segunda inscripción aparece como artífice, debió estar en La Laguna, pues en esta ciudad es donde residía el dibujante don José Rodríguez de Oliva, que ejecutó asimismo dos trazas para custodias de La Laguna, para la iglesia de los Remedios y para la de la Concepción, según se infiere de lo que en 1774 escribe don Lope: “él hizo los dibujos para las que ocupan tanto lugar, por su magnitud y valor en las dos parroquias”.
Oliva quien hizo los diseños de dos preciosas lámparas de plata repujada, de tres cuerpos, que existen en el tesoro de la Catedral de La Laguna, ya que fueron donadas por si hijo don Fernando Rodríguez de Molina. Las lámparas tienen dos inscripciones. En el primer cuerpo de ambas se lee: “Las dio por promesa el Capitán don Fernando Rodríguez de Molina; y en el segundo, “A Nuestra Señora de los Remedios año de 1759”.
Era La Laguna en el siglo XVIII, época en que la custodia se realizó, emporio de talleres de plata labrada, según se deduce de diversas obras que ejecutaron entonces artistas que en esta ciudad habían nacido y que en ella trabajaban, entre los cuales podemos citar los nombres de Antonio Juan Correa Corbalán, autor del hermoso tabernáculo de Buenavista y de la custodia de Tejina, y Antonio Villavicencio, artífice de las andas de forma de baldaguino de Nuestra Señora de la Soledad, de la Parroquia Matriz de Santa Cruz.
Obra, pues, de uno de estos talleres laguneros del siglo XVIII, del de Ildefonso de Sosa, es la custodia de la parroquia de Santo Domingo, fechada en 1734.
[1] “Recuerdos laguneros” (1899)
