El indumentarista lagunero Juan de la Cruz Rodríguez medalla de Oro de la Isla de Tenerife

El grupo de CC-PNC del Cabildo de Tenerife ha logrado que la Corporación insular conceda la Medalla de Oro de la isla de Tenerife a Juan de la Cruz Rodríguez como reconocimiento a su incansable labor y defensa de la artesanía tradicional y, en especial de la vestimenta tradicional canaria. El consejero nacionalista, Efraín Medina, agradece el apoyo del resto de grupos para sacar adelante una moción que “hace justicia con Juan de la Cruz, que trabajado más de 40 años de forma seria y exhaustiva y ha estudiado y difundido la vestimenta tradicional de Tenerife y de Canarias por todo el mundo”.

“Juan ha publicado diversos libros que son una auténtica enciclopedia sobre la vestimenta canaria, además de numerosos artículos, investigaciones y estudios en revistas y prensa local, nacional e internacional. También ha sido ponente en congresos y seminarios internacionales donde ha llevado la vestimenta de Tenerife. También ha impartido innumerables cursos, talleres y charlas para dar a conocer nuestras tradiciones”, explica Medina.

Para el consejero de CC-PNC es fundamental preservar nuestro vestuario y la estética canaria y, en concreto, a una persona que ha contribuido de manera imprescindible a definir la imagen tradicional rigurosa e histórica que la mayoría de agrupaciones y ciudadanos ha adoptado de manera responsable en los últimos 30 años. Uno no se disfraza de ‘mago’ sino que se viste de mago y eso es algo por lo que Juan lleva luchando durante décadas. Cuando se habla del estudio de los trajes tradicionales en Canarias, uno de los grandes referentes es Juan de la Cruz Rodríguez”.

Juan de la Cruz Rodríguez.-

Nacido en Santa Cruz de Tenerife (1949), ha trabajado como técnico en textiles e indumentaria del Museo de Historia y Antropología de Tenerife desde 1986 hasta su jubilación en 2014, además de como artesano tejedor en telar manual. Su ardua labor de trabajo de campo, investigación etnográfica y difusión de la vestimenta tradicional de las Islas durante los últimos 40 años lo avalan como el mayor experto en indumentaria tradicional de Canarias y una de las voces con mayor criterio a nivel nacional. En la actualidad, forma parte del Consejo Sectorial de la Vestimenta Tradicional de Tenerife con una actividad educativa y divulgativa absolutamente necesaria e importante. Ha sido asesor en la creación de museos, exposiciones y muestras, proyectos cinematográficos y teatrales, campañas publicitarias y de concienciación y todo tipo de actividades trasmisoras de la manera de vestir de los canarios a través de los siglos; sin duda, uno de los rasgos definitorios de la cultura e identidad personal y colectiva de cualquier pueblo.

Juan de la Cruz se rebeló a finales de los años 70 ante la falsificación y tergiversación del traje popular, enfrentándose, casi en solitario, al empeño social e institucional de hacer antiguo y tradicional lo que nunca fue: unos trajes típicos desnaturalizados, contemporáneos e inventados en algunos casos, paradójicamente aceptados de manera inconsciente e irreflexiva por la población. Ante ese inconformismo, revolucionó el concepto de “vestirse de mag cuando los grupos aún se uniformaban casi en exclusiva con dos modelos de trajes típicos. La recreación en ese momento, inicialmente por el grupo Los Majuelos, de los patrones encontrados en documentación del siglo XVIII en adelante, supuso un cambio conceptual y estético radical, primero en las agrupaciones y poco a poco en la imagen de romerías, bailes de magos y otras manifestaciones, recuperando la verdadera identidad de los atuendos históricos, que había sido desfigurada durante el siglo XX por los fenómenos políticos, sociales y turísticos.

Frente a la igualdad de los atavíos usados masivamente hasta ese momento, Juan de la Cruz mostró una colección auténtica y rigurosa, con una amplia variedad de tipologías, variantes por zonas, materiales, técnicas de confección y usos sociales de la vestimenta, globalmente contrastados, aunque no exenta de desconfianza por parte de algunos. A partir de entonces surge una serie de fenómenos encadenados que contribuyeron a dar valor a las prendas tradicionales: la sociedad comenzó a buscar conciencia, dar importancia de su conocimiento y preservación; las agrupaciones incorporaron las vestimentas como uno de sus objetivos primordiales; brotó la demanda de publicaciones y material didáctico tales como calendarios, láminas encuadernables, patrones, material didáctico infantil, recortables y otras iniciativas. Se reactivaron algunos oficios tradicionales casi desaparecidos y necesarios ahora para la confección de trajes; se prestó mayor atención al traje tradicional en los certámenes de belleza y en la imagen exterior de las Islas; se comenzó a confeccionar y comercializar belenes con modelos tradicionales; las instituciones comenzaron a ocuparse del tema, a subvencionar la confección de los nuevos modelos, a hacer campañas de dignificación del traje de mago, etc.; sin que todo ello contradiga el ingente trabajo de concienciación que aún queda por hacer.

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