«La “modorra” o “moquillo” de los guanches» (I), por Conrado Rodríguez-Maffiotte y Mercedes Martín
La modorra, también conocida como moquillo, fue una enfermedad de tipo epidémico que resultó clave durante la conquista de Tenerife por la devastación que supuso para la población guanche. Sin lugar a dudas, esta epidemia aceleró el final de la conquista y preludió lo que iba a acontecer en el Nuevo Mundo unos años más tarde con la introducción de las llamadas enfermedades de contacto, durante la expansión colonial europea. Fue a partir de finales del siglo XV cuando las poblaciones indígenas fueron literalmente barridas por lo que se ha denominado “contact shock”. Viruela, sarampión, cólera, peste, tifus epidémico, fiebre amarilla y gripe fueron los principales responsables causando decenas de millones de víctimas. Las enfermedades de contacto tienen un impacto terrible e inmediato provocando un gran número de afectados (30-50% de la población, como mínimo) con mortalidad muy elevada (entre el 10 y el 50% de la población fallece), llegando el caso en que la tasa de mortalidad es prácticamente igual a la de morbilidad. Todo ello produce una desestabilización tremenda de la vida familiar y social por la enorme pérdida de vidas humanas, que a su vez reduce la fuerza de trabajo originando trastornos económicos gravísimos de forma inmediata, lo que acarrea ineludiblemente hambre y falta de los cuidados básicos a segmentos sociales sensibles (población infantil, ancianos y enfermos), lo que contribuye a aumentar todavía más la mortalidad.
La modorra de los guanches según las fuentes escritas
Las crónicas e historias generales de Canarias de los siglos XVI, XVII y XVIII son explícitas e introducen numerosas referencias a la “modorra” o “moquillo” de los guanches, a la que también se le dieron los nombres de morriña, pestilencia o sencillamente contagio, refiriéndose a ellas de la siguiente manera:
Fray Alonso de Espinosa (1594):
… por el año de mil y cuatrocientos y noventa y cuatro, ahora fuese por permisión divina, … ahora fuese que los aires, … se hubiesen corrompido e inficionado, vino tan grande pestilencia, de que casi todos morían …, y era de modorra
Manuscrito Ovetense o Texto de Oviedo (s. XVI):
… por que de ynprouiso aquel propio día que se hizo el consejo y el siguiente dio una enfermedad en los guanches, rrepentina, y tan aguda y breue, que en pie se morían de la dicha enfermedad que era de moquillo
Antonio de Viana (1604):
Tenido fue por cosa de milagro, que aunque tantos morían sin remedio, en todo el tiempo que duró la guerra no se halló jamás ningún soldado de los de España, del contagio herido, aunque andavan (sic) entre ellos de ordinario. Esto lo había dicho con anterioridad Pedro Gómez de Escudero (S. XV) y tiene, como veremos más adelante, una gran importancia para entender la naturaleza de la enfermedad.
Tomás Arias Marín de Cubas (1694):
… havían (sic) muerto de la enfermedad que los españoles llamaban modorra que no duraba más de tres días más de quatro (sic) mil hombres en el verano, … Este relato aporta dos datos importantes: la brevedad del proceso y el número de fallecimientos.
José de Viera y Clavijo (1776):
No hay duda de que esta plaga epidémica que se experimentó a fines de 1494 hizo sus mayores estragos en los reinos de Tegueste, Tacoronte y Taoro … se asegura que de este pestífero accidente solían morir más de 100 isleños cada día … Viera introduce otro factor importante: la afectación diferencial entre las vertientes norte y sur de la isla (…).

