«Sarampión: ¿es posible que regrese?» (I), por Conrado Rodríguez-Maffiotte

Introducción
El sarampión, también conocido como Morbilli, sarampión rojo o sarampión inglés, es una enfermedad causada por un virus del género Morbillivirus (ARN) y de la familia Paramyxoviridae. Se transmite por vía aérea a través de la tos y los estornudos de personas infectadas y también por el contacto directo con secreciones y con la boca de los enfermos y los fómites (objetos contaminados). Una de sus características es que requiere concentraciones poblacionales grandes, entre 5000 y 45000 habitantes por año, para poder mantenerse en el tiempo. Por ello, es una enfermedad reciente que surgió con el crecimiento urbano a partir del 3000-2500 AEC. El reservorio es exclusivamente humano.
Se trata de una enfermedad altamente contagiosa cuyo número básico de reproducción (RO) es el más alto de todas las enfermedades infecciosas, contagiando entre 16 y 18 personas no inmunizadas por cada enfermo. Su período de incubación dura de una a dos semanas y tiene un curso por lo general benigno, afectando principalmente a niños de 5-9 años y siendo infrecuente en la adolescencia y muy raro en la vida adulta. Cursa con fiebre alta (frecuentemente de más de 40º), tos, y coriza (inflamación de la mucosa nasal acompañada de secreciones) y, tras este debut, hacia los dos o tres días aparecen las manchas de Koplik (pequeñas y blanquecinas) en la boca y los labios para, dos días más tarde, hacer su aparición la erupción cutánea que comienza en la zona retroauricular y se extiende poco tiempo después a la cara y el cuello y, luego, al tronco y al resto del cuerpo.
Si surgen complicaciones como infecciones bacterianas sobreañadidas de tipo neumonía (fundamentalmente en niños pequeños), encefalitis (muy infrecuente pero extremadamente peligrosa) y sobreinfecciones bacterianas, aumenta mucho la tasa de mortalidad (5-10%). Produce inmunidad permanente.
Historia
El origen del sarampión no está claro, aunque la primera descripción del mismo, diferenciándolo de otras enfermedades con erupciones cutáneas, se debe al médico persa Rhazes quien hizo una pormenorizada descripción en el año 910 en su libro La viruela y el sarampión.
Muchos autores coinciden en que el sarampión estaba ya presente en el Mediterráneo hacia los siglos II y III de nuestra era causando epidemias devastadoras como las de los años 165-180 y 251-266. Es una enfermedad endémica que se transforma en tremendamente peligrosa para poblaciones que no han tenido contacto previo con el virus (epidemias en suelo virgen). Así, desde su entrada en las Américas a partir del primer tercio del siglo XVI tuvo unos efectos auténticamente catastróficos sobre la población nativa. Los acontecimientos comenzaron en Cuba donde causó la muerte a dos tercios de los aborígenes que habían sobrevivido a la viruela en 1529. Desde Cuba la enfermedad pasó a Méjico y América Central en 1530, donde acabó con la vida de más de dos millones de indígenas en los siglos XVI y XVII, y más tarde saltaría a Perú y América del Sur donde también hizo estragos. A partir de entonces tuvo un gran impacto en el Nuevo Mundo, sucediéndose las epidemias cada 10 años. A mediados del siglo XIX llegó al Pacífico y Oceanía para barrer casi por completo a las poblaciones de archipiélagos como Hawaii, Fidji y Andamán e hizo un daño terrible a los nativos neozelandeses que, en el primer brote en aquel territorio (concretamente en North Island) sucedido en 1854, perdieron a unos 4000 de ellos.
Se calcula que en el último siglo y medio, antes de la vacuna que sería introducida a comienzos de la década de 1960, mató a casi 200 millones de personas en todo el mundo y aún hoy, especialmente en zonas de Asia y África, continúa produciendo entre 15 y 20 millones de infecciones al año. La OMS estima que la mortalidad ha disminuido un 500% a nivel global desde que algunas instituciones sanitarias internacionales y norteamericanas llevaran a cabo su “Iniciativa para el sarampión” a comienzos de la década de1990.
El sarampión en Tenerife
La falta de descripciones clínicas precisas y el uso de términos vagos, no permiten saber con exactitud la fecha de aparición del sarampión en nuestra isla. Así, quizás los primeros brotes (aunque también pudo ser tifus) ocurrieron en La Orotava en 1578 y Garachico en 1584. Lo que sí se sabe es que las peores epidemias tuvieron lugar en 1767-68, causando numerosos casos con un alto índice de mortalidad entre la población infantil y las mujeres que habían dado a luz recientemente (los sectores más sensibles de la población) y en 1892 cuando se colapsaron los hospitales de Santa Cruz, teniendo que habilitarse la ermita de Regla como lazareto (en esta ocasión también fueron los sectores infantiles los más afectados). Posteriormente reaparecería por diversos puntos de la isla sin la virulencia de las anteriores ocasiones, siendo los estallidos más importantes el de 1932, que causó un número importante de víctimas con algunas muertes, y el de 1936, afectando principalmente a Icod de los Vinos y su comarca lo que obligó a cerrar las escuelas para evitar que el contagio se extendiera.
Hitos en el diagnóstico, prevención y tratamiento
A pesar de haber sido descrita por Rhazes quien la diferenció de la viruela, no fue hasta el siglo XVI cuando fue reconocida como enfermedad independiente. Sería el médico escocés Francis Home quien demostró su naturaleza contagiosa en 1759 y el danés Peter Ludvig Panum (1846) el que descubrió la vía de transmisión aérea cuando estudiaba una epidemia de la enfermedad en las Islas Feroe, demostrando además que producía inmunidad permanente y confirmando la duración del período de incubación. Cincuenta años más tarde el médico norteamericano Henry Koplik describió el signo patognomónico del sarampión, las manchas blanquecinas que llevan su nombre, en la mucosa oral.
Aunque el virus no logró ser observado hasta 1954 por el médico norteamericano Thomas Peeble, ya en 1911 los norteamericanos John Anderson y Joseph Goldberger demostraron la naturaleza vírica de la enfermedad y en 1916 los franceses Charles Nicolle y Ernest Conseil, del Instituto Pasteur de París, descubrieron los anticuerpos.
La vacuna llegó en 1963 de la mano de Maurice Hillemann y Enders (antes el propio Peeble, junto con Katz y Milanovic habían fabricado otra que era peligrosa). En la actualidad existen dos, la MMR o triple vírica (combinada con la de las paperas y rubeola) y la MMRV (que incluía también la varicela). La vacunación ha hecho que el sarampión haya experimentado un descenso continuado a nivel global desde comienzos de la década de 1980 cuando se introdujo la triple vírica. Por otra parte, la incidencia de complicaciones derivadas de la enfermedad se ha visto radicalmente disminuida.
No existe tratamiento específico una vez que la persona enferma y de lo que se trata es de combatir los síntomas.
