«Majagora. Un hallazgo excepcional» (y II), por Mercedes del Arco, Mercedes Martín y Conrado Rodríguez-Maffiotte

El uso de las armas de madera entre los guanches
El estudio de la vértebra nos permite la identificación de un arma arrojadiza de madera que indica determinados hábitos culturales de la población indígena. Por un lado, desde el análisis arqueofactual, muestra un registro de las diversas manufacturas elaboradas en madera, pero lo que le proporciona ese carácter de hallazgo singular es que se nos muestra como elemento fosilizado de las actividades de violencia interpersonal, acciones ofensivas o hábitos de guerra que fueron muy frecuentes durante la protohistoria de Tenerife como demuestra la altísima prevalencia de fracturas de cráneo causadas por violencia (en torno al 8% de la población desde edades tempranas).
En relación a estas acciones Fray Alonso de Espinosa (1977 [1594]) señala que:
Todas sus guerras y peleas eran por hurtarse los ganados (…) y por entrarse en los términos.
En una sociedad marcada por el aislamiento durante una parte de su desarrollo, con dificultades para la renovación de los recursos, sometidos también a controles y directrices políticas, con situaciones demográficas y sociales diversas, el acceso a los recursos que aseguren la subsistencia generaría disensiones por los términos y pastos como señalan las fuentes literarias, que terminarían en enfrentamientos, imponiéndose la defensa del territorio y los bienes en producción.
En consecuencia se trata de peleas por pares, o responsables de las unidades familiares, o de más amplio significado, intergrupales, si terminan trascendiendo al grupo, afectando a varias unidades territoriales que ven lesionados sus derechos. Sin embargo, tendrían un perfil de baja intensidad, si consideramos que existe la férrea disciplina jerárquica del mencey que dirime en esas disensiones. No tendrían comparación con los enfrentamientos bélicos dirimidos entre sistemas estatales (el tipo de guerra tal y como la entendemos), pues no persiguen la aniquilación total o la captura del enemigo.
El guanche utilizó para sus peleas instrumentos que han sido considerados como propios del pastor, que se pueden considerar como herramientas polivalentes y que también funcionaron para el uso de otros segmentos de la población. Así se ha considerado que los bastones eran útiles imprescindibles para el pastoreo y atravesar los campos de malpaís, pero ¿es qué mujeres y niños no pastoreaban o no los frecuentaban? Lo cierto es que en ese discurso se han encajado las piezas que las fuentes etnohistóricas presentan como armas y que han tenido un refrendo arqueológico. En ellas se citan las lanzas de madera con sus puntas tostadas usadas como armas defensivas, siendo Fray Alonso de Espinosa, Fray J. Abreu y Galindo y Leonardo Torriani los que aportan noticias más extensas en lo que se refiere a Tenerife. Así, Torriani (1978 [1592]: 186) cita dos tipos de armas, las lanzas con las puntas quemadas y dardos largos como pilos romanos. Pero es Fray Alonso de Espinosa el que nos relata con mayor detalle estas armas:
Las armas ofensivas con que peleaban, que defensivas (si no eran los tamarcos que rodeaban al brazo unas pequeñas tarjas de drago) no las tenían, eran una varas tostadas y aguzadas, con ciertas muesquecitas a trechos y con dos manzanas en medio en que encajaban la mano, (…) estas tales varas o lanzas llamaban Banot (…) y en dando el golpe quebraban la muesquecita, para que la punta quedase en la herida… (1977 [1594]:42-43).
En los fondos del Museo Arqueológico existe un conjunto de objetos de madera, la mayor parte de ellos descontextualizados, por lo que en la mayoría de los casos se desconoce el tipo de yacimiento del que proceden. Son unas varas de madera que no superan el 1,75 m de largo, con los extremos acabados en punta, que pueden considerarse bastones, varas multifuncionales, estando provistas algunas de un ensanchamiento de tipo cilíndrico o globular para favorecer la propulsión, por lo que cumplirían una función de arma arrojadiza, coincidiendo con las armas que Alonso de Espinosa describe como banot. (Foto 4)
De otro tipo son un conjunto, en parte también descontextualizados, que corresponderían a objetos de madera de menores dimensiones, su longitud oscila entre un 115 cm y 56 cm de largo, son varas cuyas superficies están pulimentadas, con los extremos aguzados, especie de dardos, que pueden ser consideradas como armas arrojadizas. (Foto 5)
Conocemos la procedencia de algunos, la mayoría de la zona Sur de la isla como los de El Rio, Las Eras, La Centinela (Arico), Taucho (Adeje), y el de Majagora (Guía de Isora), que es la pieza que hemos querido presentar, pero también se localizan en la vertiente Norte (Acantilado de la costa de Tacoronte). Es una distribución diferencial que además de ser resultado de la información arqueológica que hasta ahora poseemos, nos puede estar mostrando una disimetría apoyada, y así ha sido valorado, en el mayor peso que la economía ganadera o pastoril habría tenido en las tierras sureñas de la isla … aunque en Majagora, como hemos visto, predominara en la dieta el componente vegetal.
Para saber más
Del Arco Aguilar, M.C. (1992-93). De nuevo, el enterramiento canario prehispánico. Tabona, VIII-I: 59-75.
Del Arco Aguilar, M.C. (1993). Recursos vegetales en la Prehistoria de Canarias. Serie monográfica de Arqueología de El Cabildo Insular de Tenerife. Santa Cruz de Tenerife.
Diego Cuscoy, L. (1961). Armas de madera y vestido del aborigen de las islas canarias. Anuario de Estudios Atlántico, 7: 733-783. Madrid-Las Palmas.
Diego Cuscoy, L (1986). El «banot» como arma de guerra entre los aborígenes canarios (Un testimonio anatómico. Anuario de Estudios Atlántico, 32: 733-783. Madrid-Las Palmas
Espinosa, A. de. (1967 [1594]): Historia de Nuestra Señora de Candelaria. Santa Cruz de Tenerife.
Rodríguez Martín, C.; Martín Oval, M. (2009). Guanches. Una historia bioantropológica. S/C de Tenerife: OAMC-Cabildo de Tenerife (Canarias Arqueológica-Monografías, 4).
Torriani, L. (1978 [1592]): Descripción e historia del reino de las Islas Canarias, antes Afortunadas, con el parecer de sus fortificaciones. Santa Cruz de Tenerife.
Mercedes del Arco Aguilar.
Conservadora del Museo Arqueológico de Tenerife (MUNA, OAMC-Cabildo de Tenerife)
Mercedes Martín.
Técnico Superior del Instituto Canario de Bioantropología (MUNA, OAMC-Cabildo de Tenerife)
Conrado Rodríguez-Maffiotte Martín.
Director del Instituto Canario de Bioantropología y del Museo Arqueológico de Tenerife (MUNA, OAMC-Cabildo de Tenerife)
