Fotos, coplas y poemas a La Laguna en septiembre: A la Memoria de Teobaldo Power. José Tábares Bartlett

Cantad, llorando,
vates isleños,
la infausta nueva:
¡Teobaldo ha muerto!
Lanzen las liras
tristes concentos,
y alzad los ojos
al ígneo cielo.

Que en ese espacio
que todos vemos,
vive la musa,
palpita el genio
de la armonía,
del sentimiento,
la mejor gloria
de nuestro suelo.

El ya no tiene
notas ni arpegios,
ni ni melodiosos
suaves remedos
las dulces auras
de nuestros cerros:
que nuestros montes
de voces llenos
y nuestras playas
enmudecieron.
Sí: los sonidos
del ventisquero
y los rumores
del ágil cierzo
y la corriente
del arroyuelo,
y las endechas
del mar inquieto
y todo cuanto
produce un eco,
todo vibraba
bajos sus dedos.

Naturaleza
viste de duelo;
triste murmura,
¡Teobaldo ha muerto!
¿Cuál fué su vida?
¿Su derrotero?
Vagar errante
de pueblo en pueblo,
recoger lauros
eu el proscenio,
ir tras lo hermoso,
tras de lo bello,
y en una tumba
descansar luego.
¡Esa es la gloria!
¡Ese es el genio!
Cuando el teclado
Power moviendo
vertía raudales
de sentimiento,
¡ah! semejaba
ósculos tiernos,
leves suspiros,
gratos acentos,
tan apagasos…
ténues, ligeros,
cual los murmurios
que desde lejos
trae en sus alas
el sutil céfiro.
¡Qué gran contraste!
¡Poder supremo!
Cuan fácilmente
cambiaba luego
blandos acordes
en grave estruendo!
El desquiciado
derumbabamiento
de todo un mundo,
del Universo,
parecía oírse
súbito, presto,
en el arranque
del instrumento.
Y ya no suena
bajo sus dedos,
porque Teobaldo…

¡Teobaldo ha muerto!
Murió el artista:
pero su excelso
laureado nombre
lo guarda el tiempo,
como los labios
guardan el beso,
que, aunque invisible,
palpita en ellos.
Y el Teide cano,
titán inmenso,
nos sirve á todos
de mensajero.
Nn los efluvios
de su ancho seno
lleva á Teobaldo
nuestro recuerdo;
y él nos envía
del firmamento
para cantarle
del arte el estro;
mientras natura
viste de duelo
y exclama triste:
¡Teobalilo ha muerto!

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