25 Aniversario «La Laguna Patrimonio Mundial»: Las ordenanzas y las antiguas carretas, por Julio Torres

Las Ordenanzas de Tenerife disponían, además, lo siguiente:-Yten que ninguna persona tenga carreta en la calle por más espacio de tres días, y que cada uno la meta en su casa, so pena de trescientos maravedís.

Yten que, por la parte que viene el agua a esta ciudad, ninguna persona sea osada de llevar carreta, porque no quiebre los caños, o los maltrate, so pena de cuatrocientos maravedís, y de pagar el daño, y que el que viniere en parte donde la carreta hubiere de atravesar para su casa, pase por la más cercana traviesa.

Yten que no pasen carretas por encima de los caños del agua, así por el camino como por la calle, so pena de trescientos maravedís, y de pagar el daño que hiciere.

En abril de 1526, el mayordomo Navarrete fue el encargado de que los portillos se abrieran para entrada y salida de las carretas a la ermita de San Cristóbal. Según dispuso la Justicia, se podía cortar, sin licencia ni señalamiento del guarda, toda la madera que fuera necesaria, exepto palo blanco, el cual sólo se podía  coger para las teleras y los limones de las carretas.

El Adelantado, el teniente, Vergara, Valdés, Las Casas, Requena y regidores, el 16 de julio de 1526, dispusieron que cualquier persona que, de noche o de día, llevase carretas por las calles de La Laguna, fuera delante de los bueyes, so pena de 600 maravedís. Esta ordenanza se llevó a cabo para evitar los frecuentes daños y muertes que ocasionaban las carretas a los transeúntes por no ir sus dueños junto a ellas.

Como las carretas solían hacerse con madera verde, se nombró un veedor para que cuidara que se empleara madera curada.

En julio de 1531, Antonio de Rodas acometía el empedrado de las calles de la ciudad. Para la rápida ejecución del proyecto, se mandó a construir las carretas necesarias para traer la piedra. Las carretas también se emplearon para montar piezas de artillería. Con motivo de los asaltos al puerto de Santa Cruz en 1532, por parte de navíos franceses y corsarios, se mandó a hacer piezas de artillería y carretas en las siguientes condiciones: Con sus cureñas de hierro y carretadas bien guarnecidas de hierro y las ruedas más altas que se traen en el armada de la mar, porque son para tirar en tierra.

Y es en la tierra de los campos de la Vega de Aguere donde, en las mañanas del pasado lagunero, la carreta recorría los caminos al paso lento de la yunta, mostrando la belleza de su cuerpo de buena madera y la fragancia de los productos de la sementera. Una carreta que siempre recibía el piropo del boyero hecho canción: De la Vega lagunera/vengo lleno de ilusiones,/con esta hermosa carreta/que alegra los corazones.

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