25 Aniversario «La Laguna Patrimonio Mundial»: El Instituto de Canarias en los primeros años del siglo XX (I)

Un buen tema para comenzar noviembre es hablar de La Laguna académica, así como del Instituto de Canarias de principios del siglo XX y su espectacular biblioteca

Así lo describió el escritor y periodista grancanario Francisco González Díaz: La Laguna hace valer con especial predilección su título de ciudad académica, cabeza en este sentido del Archipiélago por haber educado generaciones de canarios que han brillado y sobresalido en altas esferas. Allí radicó la Universidad de San Fernando, cuyo restablecimiento se ha solicitado en vano de los gobiernos. Ahí estuvo la Meca estudiantil hasta que, consumada una descentralización relativa por los últimos planes escolares, ha dejado de serlo; pero sigue siendo la gran sede de la enseñanza en Canarias.

Tiene mucho de venerable el Instituto en su vejez, como las cosas todas de La Laguna. Los que hemos cruzado sus claustros, siquiera haya sido accidentalmente, tornamos a ellos en las horas serenas de las meditaciones profundas.
Hay rinconcitos familiares, escondrijos amados, hacia los cuales se nos escapa, indómito, el pensamiento cuando, nos ponemos a pensar en lo que fue, en lo qué pasó… Cada discípulo se deja un pedazo no pequeño de ser propio ser en los lugares donde percibió tembloroso las primeras revelaciones donde sintió que se le acercaba, ese algo formidable, espanto del hombre antes de serlo: la ciencia, el deber, el porvenir, la vida… ¡Las almas de los estudiantes vuelven llevadas por la querencia al aula e idolatran de viejas conscientemente lo que de jóvenes amaron por instinto! Los maestros, por ley de moral simpatía, han de sentir llegar las sublimes golondrinas que no se sabe cuándo se van ni cuándo regresan; pero que peregrinan sin descanso, sucediéndose al azar de las fugas espirituales, yendo y viniendo… En las bóvedas del Instituto habrá siempre misteriosos revoloteos de esas almas inmigra- doras.

El Instituto se ha transformado en los últimos años, bajo la dirección activa y revolucionan del Sr. Cabrera Pinto. Digo revolucionaria para manifestar con exactitud enérgica el carácter de las reformas que aquel establecimiento docente ha sufrido. Entró en él la revolución, y le ha dado una faz nueva, rehecha y vistosa. Ya las almas emigradoras, a que acabo de referirme echan de menos el espíritu de la añeja tradición, desalojada. La tradición es bella por sí misma: si la matamos nos Herimos en, lo más delicado alguna fibra interna. Pero las cosas marchan, cambian y se renuevan, aún allí donde parece que están perpetuamente inmóviles.

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