Pregón de las Fiestas y Romería Regional de San Benito Abad. La Laguna 2024 (II). Por Iván Quintana

(…) Otro nombre que me viene al pensamiento es el de Juan Rodríguez Juaniquillo, con quien me metí de lleno a conocer el arte del telar. Ya conocía de Gran Canaria esta maravillosa técnica textil, pero fue al lado de Juaniquillo donde encontré una sabiduría que me iluminó y que me hizo valorar más todavía la destreza de nuestros artesanos.

Podría decir que La Laguna guarda todo aquello que amo, porque si personajes como Juaniquillo me enseñaron los secretos del telar, qué decir de míticos ganaderos de estas tierras que miman las vacas de raza canaria, que es otra de mis pasiones.

Una Romería como la de San Benito, que tanta importancia ha dado al ganado que acompaña la fiesta, es más que propicia para reconocer el trabajo de todos los hombres y mujeres que defienden el sector primario, entre ellos: los hermanos Mesa, Telesforo Rodríguez y todas esas jóvenes promesas que impulsan la ganadería en esta, mi cuidad. Me gustaría hacer una mención especial a nuestro recordado Pedro Molina, que tanto hizo por esta tradición y que tan presente tenemos los que amamos la vaca de la tierra. Jamás olvidaré el canto del boyero que le dediqué en su homenaje y que acompañé con el sonido de unas colleras que también parecían echarle de menos.

(Canto del Boyero)

Ahora me gustaría hacerle la entrega al santo de este cuchillo, símbolo identitario de los agricultores y ganaderos de mi tierra, herramienta indispensable en las labores agrícolas. Que San Benito siga bendiciendo los campos que rodean esta ciudad y a la gente que en islas distintas pelean por los mismos sueños, compartiendo horizontes, compartiendo penas o compartiendo grano que sembrar.

La Laguna para mí también es la Semana Santa. Estas calles que parecen más hermosas en esas silenciosas noches de primavera en la que los pasos las llenan de magia, son el escenario perfecto para sentir la fe y la tradición que hay en un pueblo que ha sabido y sabe conservar sus costumbres. Son diez años ya los que llevo cantando malagueñas en la madrugada más emotiva al Cristo lagunero, al que le hacemos fiesta en septiembre y con el que subimos al Calvario cada Semana Santa.

Si decía que La Laguna guarda todas mis pasiones lo digo por la fiesta, por la romería, por el telar, por el ganado, por la fe y la Semana Santa, pero por encima de todas las cosas, por su gente y por su música.

La Laguna es la casa de Los Sabandeños y para un gofión como yo, admirador apasionado del grupo de Sabanda, esas son palabras mayores. Las canciones de Los Sabandeños son la banda sonora de Canarias, pero especialmente de las calles de esta Laguna que no se entendería sin ellos. Fue el proyecto Manta y Estameña, qué curioso que vuelva a ser cosa de lanas y telares, el que me unió para siempre a este grupo con el que tuve el honor de compartir camino.

Fueron muchísimas las horas que pude pasar conversando con el admirado y querido Elfidio Alonso, un auténtico libro abierto que entre su corazón y su cabeza parece guardar todo lo que hay que saber de música en Canarias.

Candelaria y Jesús, otra vez estos amigos incondicionales, me hicieron otro maravilloso regalo llevarme a la casa de otra lagunera irrepetible Olga Ramos, memoria de la Punta del Hidalgo y de este municipio, que tiene este imponente casco histórico merecedor de la condición de Patrimonio Mundial y que al mismo tiempo nos sorprende con rincones tan maravillosos como la misma Punta, Bajamar, Valle Guerra, Tejina o Las Mercedes.

Han sido muchas las temporadas que he pasado en este hermoso rincón del mundo que tienen la suerte ustedes de habitar todos los días. Eso también ha hecho que me pueda sentir parte de la fiesta que hoy les pregono.

Me emociona especialmente que la Fiesta de San Benito de este año abra las puertas de su corazón a mi Gran Canaria. A veces, por desgracia, tenemos que unirnos ante lo inesperado: ante la tragedia del fuego, de un volcán, de un tiempo malo… Es hermoso que también nos unamos para festejar y que somos un solo pueblo, un pueblo que canta y baila, que teje, que reza según la fe de cada cual, y que vive apasionadamente la vida.

Sé que el mismo cariño que recibo habitualmente cuando canto en cualquier rincón tinerfeño es el que reciben los cantores de esta isla, cuando visitan Gran Canaria porque unos y otros cambiamos de habitación, pero habitamos la misma casa. Qué bien lo supo nuestro querido Néstor Álamo cuando compuso, este hermoso poema, en forma de canción “Balada de Sabanda”.

Dímelo tú, lagunera,
Por dónde se va a Sabanda
Si voy por la carretera
O me pierdo en la montaña
Dímelo tú, dímelo, dímelo tú (bis)

La Punta de Anaga escribe
Sus recuerdos marineros
La sombra de Amaro Pargo
La casa del caballero
Dímelo tú, dímelo, dímelo tú (bis)

Dímelo tú, lagunera,
Que me esperan en Sabanda
A la sombra de un laurel
Al aire de una guitarra.

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