Ateneo de La Laguna

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El Ateneo lagunero presenta este  jueves 6 de noviembre,   a las   20.30 horas el libro «Epitafios de Antidio Cabal». El acto correrá a cargo de los presentadores: Juan Manuel García Ramos, Ernesto Suárez y Antonio Jiménez Paz

Este poemario, inédito en España hasta la fecha, ofrece un recorrido tan ameno como exhaustivo por las principales inquietudes literarias de un autor cuya poesía sorprende, según Agustín Fernández Mallo, “por su intención totalizadora, (por) querer abarcar de la metafísica a la teoría literaria, las ciencias naturales, el ámbito de la urbe (…)”.

Prodigiosa combinación de ontología, poesía y humor, así como de clasicismo y contemporaneidad, estos Epitafios abren para el lector viajero un largo camino hacia el conocimiento, la reflexión y el disfrute.

Antidio Cabal (Las Palmas de Gran Canaria, 1925 / San José de Costa Rica, 2012). Profesor de Filosofía en la Universidad Central de Venezuela y en Costa Rica de la Universidad Nacional. Editor y prologuista de los primeros libros de Ernesto Cardenal, así como de Poemas reunidos, la inicial poesía completa de éste; también de Cementerio privado, del poeta gallego Celso Emilio Ferreiro. Fue miembro fundador de las dos más importantes editoriales institucionales de Costa Rica: Editorial Costa Rica (ECR) y la Editorial de la Universidad Nacional (EUNA). En Ediciones Oro y Barro -pequeña editorial fundada por su cuenta- se dedicó a la difusión de otros autores. Los 11 primeros libros del proyecto inacabado de la publicación de su obra poética completa en España están editados por Ediciones Idea. Algunos de ellos son Poesía y error, Equipaje, Campo nublo, Guitarra, Junia, El espacio como lenguaje y Barranco. Antidio Cabal había zarpado en 1949 rumbo a Venezuela, huyendo de convertirse en un soldado más al servicio de Franco. Tras su periplo venezolano se asentó en Costa Rica hasta el fin de sus días.

EPITAFIOS (fragmento de una reseña de Antonio Jiménez Paz sobre el libro de Antidio Cabal)

“Tomar en cuenta que el carnicero es un cadáver vivo y el sepulturero es un cadáver vivo. Pasado un tiempo, uno y otro serán cadáveres muertos. Cierto que en las carnicerías no ponen rosas y en el cementerio sí. Esto hay que corregirlo”. Esta nota, entresacada del prólogo que el propio poeta dejó preparado para la posible edición de su libro, señala un nuevo rumbo, un uso de los epitafios hasta ahora desconocido para reunir los anhelos y aspiraciones tanto de vivos como de muertos. Pero ¿quiénes serán todos esos personajes con nombres atrabiliarios que desfilan página tras página: Eladio Macarra, Jacinta Codesa, Rebudio Higo, Roselindo Pero, Espíritu Santo Soto, Elvira Sentás, etc.? Uno se queda balanceándose en el desconcierto. Curiosamente cada uno de ellos va acompañado de un alias, en el que recae la importancia del personaje al que hace referencia su epitafio, no extrañando ya que sea precisamente en el alias donde se esconde la verdadera identidad del difunto: alias el Inacabado, el Total, la Desnuda, la Sombra, el Sumergido, el Semicompleto, etc. Sabemos que toda la obra de Antidio gira en torno a la problemática de la identidad, del conocimiento y sus trampas, entendiendo estas como nuevos modos de indagación. Entre el nombre del difunto y su alias el poeta propone un salto de discurso, de significación, un cambio de registro: se pasa de la suposición a la veracidad… ¿Y si cada epitafio viniera a ser no más que un recado? La resolución del problema queda en manos de los lectores: se trataría de saber de parte de quién. El cementerio sería entonces una excusa, el epitafio la más efectiva trampa. Y el libro un artefacto poemático que se erige y revela entre la tradición literaria epitáfica y el pensamiento que pone todo en entredicho, una tumba con mucha sabiduría dentro»

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