La Laguna septembrina: Rincones (II)
San Sebastián (Asilo)
Quien quiera que seas, párate un momento frente a esta casa.
Si no has dejado secar las raíces de tus sentimientos, tributa desde lo más profundo de tu ser, un homenaje de gratitud a quienes, ahí dentro, han hecho el sacrificio de sus vidas para calmar los dolores de aquellos que, al término de lá jornada, no tienen ni un pecho donde reposar la cabeza encanecida, ni una palabra amiga que dulcifique los últimos días de su existencia.
Unas santas mujeres renuncian a todos los encantos del mundo, cerrando sus almas a las ilusiones de la juventud para cuidar a estos ancianos desamparados; para curar la envoltura carnal, corroída de miserias; para cicatrizar las heridas que otros abrieron y para que, al emprender el viaje eterno, estos viejecitos no nos abandonen con una visión de odio. sino sintiendo sobre sus ojos unas manos blancas que amorosamente les dan el último adiós.
Vosotras, Hermanitas de los pobres, limpiáis de impurezas la vida y hacéis brotar en la podredumbre humana las rosas de la caridad.
¡Qué injusticia tan grande si al final no hubiera un cielo para vosotras!
