ESCRACHES DE LOS DIRIGENTES DE LA SANIDAD CANARIA
Carlos García. Médico.
Intersindical Canaria
La grave politización en la sanidad pública es un hecho incuestionable que todas las comunidades autónomas imponen en su territorio y que todos aceptan. También la canaria.
Los cargos dirigentes de los centros sanitarios públicos, que son de todos, de los ciudadanos, han convertido aquellos en reinos de taifas donde campan a sus anchas los responsables, puestos a dedo por los grupos gobernantes políticos, pues ninguno de ellos ha conseguido la plaza directiva ni por oposición, ni por mérito, tras concurso de libre concurrencia ni tras convocatoria. Todos, sin excepción, lo obtienen por su afinidad al color político de turno.
Muchos de esos cargos directivos se perpetúan en el poder haciendo filigranas para, en un verdadero encaje de bolillos, como en el juego de la sillita, cambiar su sillón por otro; de esa forma pueden servir para Directores del Servicio Canario de Salud, de Farmacia, Gerentes de Áreas, Gerentes de Hospitales, Directores Médicos y de Enfermería, Subdirectores, etc.,etc., etc., que mira que hay cargos, para, a través del tiempo, considerarse y llegar a creerse dueños y señores de las instituciones públicas, de los centros sanitarios que gestionan, olvidando que son los ciudadanos los verdaderos dueños de los mismos, pues los sostienen y mantienen con el pago de sus impuestos y cargas tributarias aplicadas por los gobiernos, que, esta vez sí, nos recuerdan que entre todos debemos pagar cada vez más para que puedan existir.
Por esa razón, a ninguno de esos cargos directivos politizados se les exige una alta cualificación profesional en su gestión, sino ser adicto a los planteamientos impuestos por la mayoría gobernante y muy dóciles y obedientes ante sus mentores, estando dispuestos al cambio que pueda producirse, al albor de cualquier pacto político al uso, en esta “democracia” de la que alardean cuando están en el poder y que critican cuando están en la oposición, pero que ninguno cambia y mantiene con sus vicios.
Todo esto trae una disociación mental en estos dirigentes pues, por el tiempo transcurrido en el cargo, gestionan y dirigen los centros públicos como si se tratara de sus negocios privados o fincas y casas particulares, aplicando políticas personalistas y cometiendo, en muchos casos, disfunciones que pueden llegar a definirse de muchas formas, ya sean como tráfico de influencias, posibles prevaricaciones y anormales maneras de realizar su cometido, con métodos dictatoriales y coercitivos, por lo que posiblemente, entiendo, cometen eso que ahora está tan de modo de los escraches.
No es la primera vez que denuncio que los trabajadores sanitarios públicos sufrimos persecuciones, agravios, expedientes, sanciones, despidos y un sin fin de ataques y acosos que, fácilmente, pueden considerarse escraches. He denunciado alguna vez presuntas prácticas mafiosas en mi centro de trabajo hospitalario, influencias descaradas en nombramientos asistenciales, con asignación de jefaturas de servicio y de sección a base de decretos y resoluciones de la gerencia en el área médica, o de cargos de coordinación o supervisión en el de enfermería, y, como no, en el área administrativa. Eso sí, basándose en normativas, reglas o preceptos de ámbito localista y en referencia a los centros de trabajo que dirigen, que aplican en una dudosa legalidad, en vez de hacerlo con las pautas dictadas, de ámbito general, para toda la comunidad, que el propio Gobierno o el Servicio Canario de Salud publica en los boletines oficiales.
Últimamente y tras la bochornosa aplicación de la Ley General de Presupuestos de Canarias con la que han jubilado forzosamente a 142 médicos y a otro centenar de trabajadores sanitarios, lo que a mi me parece un absoluto escrache, los Gerentes de los Hospitales han estado prestos para el nombramiento “a dedo” de una serie de Jefes de Servicio afines a su entorno, haciendo caso omiso a la provisión de plazas, con concurso público, colocando a aquellos que les bailan el agua en su métodos de gestión. Y al resto de trabajadores, especialmente a los que somos incómodos o planteamos una resistencia laboral y ciudadana a ellos, nos acosan e intentan “escrachearnos”, o por lo menos así lo siento y lo manifiesto yo.
De nada sirven las denuncias formalmente planteadas ante las instancias directivas, de los centros, de la consejería, de la función pública o del gobierno ya que no son respondidas, solo silencio administrativo.
La única forma que nos queda es la vía judicial, motivo por el que hay que plantearles conflictos, contenciosos y denuncias en los juzgados o en la propia fiscalía, situación en la que nos encontramos muchos sanitarios públicos. Y es que, no solo el vocablo argentino del escrache se da en el tema de los desahucios. Muchos lo venimos sintiendo y sufriendo hace tiempo. Con acosos, persecuciones, atosigamientos, restricciones, aislamientos, limitaciones, arrinconamientos…. ¿Quieren más sinónimos?
