EL PRESIDENTE QUE AYUDA A DORMIR

Por Mateo Martín

 

 

 

Hace unos años, en 1976, me movía mucho por esos mundos de Dios. Entre las revistas que compraba se encontraba HISTORIA 16; me llamó la atención un trabajo publicado a dúo por Teresa Noreña Salto y Oswaldo Brito González: “La autonomía que acabó en los cabildos”.

Rememoro que lo leí con fruición, ¡eran tan pocos los trabajos publicados por mis paisanos en revistas de difusión nacional…¡

Era un auténtico ejercicio de profesionalidad. Aún tengo la revista.

Después de la indignación que me causó la lectura de la cantinflesca conferencia (no por lo cómico, sino por lo disparatada en sus conclusiones y mezclas de conceptos entre Carlos III,- tiramos para RSEAPT-, y sus propias pontificaciones) de Souza y su olor megalómano; por casualidad, por eso de cambiar las emisoras, esperando por algo que ese domingo me distrajera, tropecé, sin querer, con el discurso del Presidente Melchior acerca del Centenario de los Cabildos. Un castigo. ¿Nadie le ha dicho que sus condiciones de oratoria son nulas? ¿Que no vale tampoco para leer?

 

No me recordaba sino a los viejos camiones en primera por una cuesta: UUUUUUU. Un monocordio horroroso. Un sueño infinito.

 

Vea el programa Sr. Presidente y observe a quienes le rodean. Vea los bostezos y cabezadas. Vea como miran cuantas hojas quedan en el atril para acabar con el calvario que están soportando por resignación del cargo que ocupan.

Busque oradores, busque historiadores, no arribistas, si quiere que alguien que no tenga obligación de asistir al Acto, asista, lo vea por TV, lo lea en prensa y esa oportunidad centenaria se difunda y Vd. quede como debe de quedar al frente de una institución de tanto prestigio.

Y si no puede, recuerde el adagio de Baltasar Gracián: “Lo bueno si breve, dos veces bueno”; que en este caso tendría que ser breve, pero que muy breve.

También te podría gustar...