TOCATA Y FUGA DE SAN DIEGO EN RE MENOR. Por Julio Fajardo Sánchez

En el soporte gráfico el primer disco de Los Sabandeños 1966, en el mismo en verde Miguel «El Napi» y a la izquierda los alumnos de PREU 67-68 del Instituto de La Laguna (Antiguo de Canarias)
El mimetismo de la sociedad es equiparable al recurrente movimiento de la fuga. Pasará como con los carnavales, luego diremos que tenemos la mejor fuga de San Diego del mundo.
La fuga de San Diego fue una costumbre insituida por los alumnos del último curso del Instituto de Canarias, el que ahora se llama de Cabrera Pinto situado en la calle de San AgustÍn. Los estudiantes iban hasta San Diego del Monte, donde organizaban un baile, por la tarde había otros festejos en La Laguna y, por fin, con el dinero recaudado, el curso hacía una excursión al Teide y al Puerto de la Cruz, no daba para más. Al tiempo me enteré con curiosidad de que en la isla del Hierro también se fugaban el día de San Diego, pero en este caso, como en el del resto de las islas, los fugados no iban a ver a ningún San Diego, igual que se hace hoy con romerías que no van a ninguna parte, con rogativas a ningún santo para no pedirle nada, sólo con el ánimo de uiformarnos en nuestra dispersa diversidad archipielágica. El mimetismo es una de las estupideces más importantes que conozco, aqui más que conservar las costumbres de cada pueblo.
Hoy la fuga de San Diego está reconocida en el calendario escolar que aprueba la Consejería de Educación, con lo cual ha dejado de ser fuga. Es una fiesta que recuerda a una fuga una vez que ésta ha sido generalizada y ha dejado, por tanto, de ser excepcional y transgresora.
Hace años que Edmundo Esedín tenía un bar en el Puerto de la Cruz llamado «El Greco», por el que pasaban casi todos los artistas que venían a trabajar a los hoteles de la ciudad. Como número fijo del local, el propietario contaba con un dúo de guitarristas llamados «Los Auténticos» que llevaban, como recordatorio, los títulos de las obras escritos en una libreta. Allí había piezas del repertorio clásico, del folcklore sudamericano, de la música española popular, etc. En aquel tiempo aun San Diego era algo exclusivo del Instituto de La Laguna, por lo que su fuga no era muy conocida fuera de la ciudad. Por esto Miguelito el Napi, tuvo trabajando a los virtuosos concertistas varios días intentando buscar en su lista a la desconocida Fuga de San Diego. Eran otros tiempos.
Entendiendo que la técnica de la fuga musical he llegado a comprender la expansión de la de San Diego a otros lugares extraños a La Laguna, algo tan anacrónico y estrambótico como las sevillanas sabandeñas, la elección de mister El Tanque o la romería del charco de la casona.La fuga consiste en repetir un motivo musical que comienza tras dejar pasar un espacio de tiempo y que inicia como una especie de persecución, de acoso reiterativo.
Esto, y no otra cosa, es lo que se ha hecho con la de San Diego, repetirla y copiarla en ese afán de estupidez mimética que arruina nuestra sigularidad como pueblo para convertirlo en un ejercicio chabacano de imitación. Pasará como con los carnavales, luego diremos que tenemos la mejor fuga de San Diego del mundo, y así nos va.
