San Juan Bautista, patrón de la ciudad contra la peste (I), por Carlos Rodríguez Morales
‘El triunfo de la muerte’, de Pieter Brueghel el Viejo. Museo del Prado.
San Juan Bautista, patrón de la ciudad contra la peste[1]
Es bien sabido, pues permanece en la memoria colectiva de La Laguna, que san Juan Bautista fue tomado como protector de la ciudad durante la epidemia de peste que comenzó a manifestarse a mediados de 1582. Por un acuerdo tomado el 25 de junio de aquel año el Concejo de Tenerife hizo voto de celebrar anualmente su fiesta, de edificar un templo en su honor y de tomarlo «por patrón e abogado contra la pestilençia»[2]. En efecto, ambos términos —patrón y abogado— se refieren a una misma cualidad, la de defensor, protector o amparador, como recoge el Diccionario de Autoridades (1737). La atribución a determinadas devociones de una capacidad intercesora especializada fue un recurso habitual durante la época Moderna, ya fuera compartida por toda la Iglesia o específica en territorios concretos como resultado de procesos diversos. En el caso de Tenerife ha de advertirse que isla y ciudad pueden considerarse, desde el punto de vista institucional, términos equivalentes para el Antiguo Régimen, pues su jurisdicción correspondió a un solo concejo-ayuntamiento cuya sede se encontraba en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna. Es más; en afortunada expresión de Alejandro Cioranescu, La Laguna, «históricamente hablando, no ha sido la capital de Tenerife, como se va afirmando comúnmente; sino que ha sido la misma isla de Tenerife desde el punto de vista político y administrativo»[3].
Atendiendo a esta circunstancia, el patronazgo de san Benito sobre los frutos y los ganados (1535)[4], el de san Juan Bautista contra la pestilencia (1582), el de san Plácido y sus compañeros contra las plagas de cigarrones o langostas (1607)[5] y el de san Juan Evangelista como santo abogado de la salud (1648)[6] se extiende, en realidad, a toda la isla de Tenerife, tras los correpondientes votos hechos por el Cabildo. San Benito y san Plácido resultaron elegidos mediante sortes sanctorum, mientras que la condición protectora de los santos juanes radica en otras circunstancias tenidas también por prodigiosas. Junto a estos patronos imprevistos, por así decirlo, los documentos se refieren a otros patronos de Tenerife desde fechas bien tempranas: la Virgen de Candelaria, san Miguel Arcángel —devoción preferida del adelantado— y san Cristóbal, santo titular de la ciudad. También san Roque[7] y san Bernabé[8] eran tenidos por protectores de la ciudad-isla.
El origen, la función, la entidad y el éxito de cada uno de estos patronos es distinto y merece un estudio más profundo del que hasta ahora se ha planteado. En este trabajo nos centramos en el caso de san Juan Bautista. Prestamos atención a las penosas circunstancias en las que comenzó a ser invocado y a cómo se fue asentando su condición de abogado en los últimos años del siglo xvi; también nos ocupamos de sus fiestas anuales y de algunos aspectos del culto en el suntuoso templo que se edificó en cumplimiento del voto, en especial de la cofradía fundada en 1767; finalmente, valoraremos cómo el nombre del santo titular de la ermita ha dejado huella en la toponimia urbana.
[1] Este artículo fue publicado en el libro ¡Salud en la tierra! La devoción a San Juan Bautista en La Laguna y la peste de 1582 (pp. 23-47) editado por el Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna en 2017. El volumen, que incluye otros estudios en torno al tema y la transcripcion de varios documentos, fue un proyecto alentado particularmente por Ramón Mario Herrera Correa, entonces hermano mayor de la Hermandad de San Juan Bautista, y desde el Ayuntamiento por Juan Manuel Castañeda Contreras, siendo concejal de Patrimonio Candelaria Díaz Cazorla.
[2] Archivo Municipal de La Laguna (en adelante, AMLL): Sección 1, Actas capitulares, oficio 2, libro 3, ff. 164v-166r.
[3] Cioranescu [1965], pp. 9-10.
[4] Rodríguez Morales [2017].
[5] Núñez de la Peña [1676], pp. 335, 493.
[6] Núñez de la Peña [1676], p. 495.
[7] Núñez de la Peña [1669], ff. 243v-244r.
[8] AMLL: Sección 1, Actas capitulares, oficio 1, libro 10, f. 2v, 12/3/1554.
