Recuerdos de Carnaval: Los bailes «en el Leal» (y IV). Por Julio Torres Santos

Baile de Piñata en el teatro Leal. Recreación Julio Torres.

De mi libro «La Laguna, siglos de Carnaval»

Los bailes del Orfeón La Paz en el Leal

La relación entre el Orfeón La Paz y el Leal siempre fue muy estrecha, pues esta sociedad lagunera eligió este teatro para sus conciertos de las Fiestas del Cristo o de Navidad, y como no podía ser de otra manera, también para los bailes de carnaval, donde presentaba el disfraz de su Rondalla.

Durante el periodo republicano, el Orfeón La Paz organizó bailes de carnaval incluso el Miércoles de Ceniza, como los celebrados en 1932 «el sábado, domingo, lunes y martes de carnaval; miércoles de ceniza, y sábado y domingo de piñata a las diez de la noche», también con matinés «a las cinco y media de la tarde» . Se anunciaban así en la prensa…

«Extraordinarios matinées a las cinco y media de la tarde. Esmerado servicio de cantina y restaurat [sic] a cargo del Bar Universal».

Gozaron de gran acogida los bailes de carnaval de 1933, también organizados por el Orfeón La Paz, pues, en el marco que prestó el decorado del «inteligente artista» Francisco Martínez, hubo concurso de disfraces, exhibición de rondallas y se eligió a la «señorita carnaval», a la que se obsequió con un mantón de manila, todo amenizado por dos «modernas orquestinas». Es imprescindible subrayar que para la exhibición de rondallas, el Orfeón…

«… ha organizado y ensayado una, integrada por cincuenta valiosos elementos, dirigida por don Enrique Simó, en su aspecto coral, estando a cargo de don Manuel González la agrupación de cuerdas. El traje que vestirá la rondalla, a base de una fantasía de Pierrot, es de un efecto verdaderamente suntuoso».

En esa presentación de 1933 el Orfeón interpretaría: Visión, vals lento, de E. Canonge y Deunill; La taberna roja, java , de S. de Ronda; Al carnaval, himno, letra y música de don José González Gutiérrez; Perfume de oriente, fox-trot, de J. Vía; Siempre España, pasodoble del maestro Alonso; y Elogio del carnaval, fox-trot, letra de Luis Álvarez Cruz y música de Francisco Delgado .

La temporada de bailes de Carnaval del Leal organizada por el Orfeón La Paz en 1933 fue especialmente trágica. José González Rivero –que fuera exitoso gerente del Leal, gran fotógrafo, precursor del cine canario, productor y distribuidor– murió por un disparo que salió de la pistola de Isidoro Salazar y Suárez, trágico suceso sobre el que aún persisten muchas dudas, la mayoría basadas en las contrapuestas afiliaciones políticas de sus protagonistas. Acaeció el 5 de marzo en el bar del Hotel Aguere –situado frente al teatro–, cuando tenía lugar el baile de piñata en el Leal.

En la plenitud del régimen franquista continuaron celebrándose bailes de carnaval en el Leal, también organizados por el Orfeón La Paz, y siempre evitando deliberadamente, el término «carnaval» en la publicidad y cartelería .

En la denominada «Piñata de 1950», se anunciaron «bailes de máscaras» el sábado 25, a las 10 de la noche, y el domingo 26, desde las seis de la tarde; en el transcurso de este último, «a las 12 de la noche se romperá la tradicional piñata». Ambos bailes estuvieron amenizados por dos «grandes orquestas», Aguere y Boreal, contando con un «esmerado servicio de cantina» a «precios populares». Sin embargo, en la «nota» al margen, queda constancia del momento político que se vivía y de la represión que se ejercía: «los Sres. Directivos y Comisionados podrán solicitar en cualquier momento de quienes utilicen antifaz o careta, acrediten su personalidad» .

Ello no impidió que las máscaras siguieran corriendo el carnaval pícaramente. Conozco de muy buena mano –es decir, sé los nombres y apellidos– que en uno de estos bailes carnavaleros de la década de los 50, una máscara coqueteó con un joven, de tal manera que este no solo le abonó numerosas consumiciones en la cantina del Teatro Leal, sino que también acabó regalándole una caja de bombones. Misteriosamente, la máscara desapareció antes de acabar el baile. Decepcionado, el joven regresó a su casa, abrió la puerta y…descubrió la caja de bombones, delicadamente dispuesta y abierta en la mesa del comedor. Y es que resultó que ¡la mascarita era nada menos que su abuela! El joven contaba lo sucedido a sus más íntimos, terminando siempre el relato con: « ¡Me hizo gastar el sueldo de todo un mes!».

La represión franquista acabaría suponiendo que, aunque los bailes de carnaval no se interrumpieran en el Leal, estos se anunciaran sencillamente como «bailes». Así, por ejemplo, en 1960, durante el periodo carnavalesco, en la sección de «Cartelera de Espectáculos» del periódico El Día, tras el epígrafe de «Teatro Leal», leemos un escueto «grandes bailes» y punto .

A partir de 1961, bajo la denominación de «Fiestas de Invierno» para sortear la prohibición, los bailes se celebraban en días diferentes a las fechas que habrían correspondido al carnaval: El martes de Carnaval era festivo, pero no era el inmediato anterior al Miércoles de Ceniza, que tenía lugar el miércoles posterior al domingo de piñata.

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