Pregón de las fiestas en honor al Compatrón de la Ciudad san Juan Bautista La Laguna 2021. Por Carlos García (V)

Y tenemos que nombrar a la Venerable Hermandad de San Juan Bautista, constituida en 1767 por 46 varones de la ciudad, aunque abierta a las mujeres en su sociedad que tanta ayuda social ejerció de comienzo, con darle de comer a los pobres de la cárcel y de la ciudad y que ha continuado con ello hasta la actualidad.  A esta Hermandad, le fue cedido el templo en 1909 y son los protagonistas directos de todo lo que en el mismo acontece.

La calle de San Juan, que nace desde la misma ermita, fue lugar donde moraban muchos artesanos, tal y como cuenta Núñez de la Peña. El 10% de los habitantes censados en la calle, en 1837, eran artesanos o menestrales, mientras que en la de San Agustín, por comparar, solo representaban el 4,5%. Los criados eran en esta última, del 27 % de la población, mientras que en San Juan solo el 8,7 %, datos  de Ramón Pérez González en su libro Notas de Geografía Urbana.

Frente a la ermita, al otro lado de su explanada, en la pequeña plaza, se abre a la calle del Ciprés. A su extremo, a la derecha la propia calle de San Juan, empedrada desde 1798 y a la izquierda, la calle de Núñez de la Peña, todo en el antiguo lugar del Llano de los Molinos, denominado de ese modo por la existencia de 11 molinos que allí se levantaron.

La calle de San Juan servía de acceso al Barrio de San Juan vinculado a la ermita y al cementerio. Entre esta calle y las paralelas, por el norte la calle del Olivo (Núñez de la Peña), y por el sur la calle Trinidad y es a partir del siglo XIX cuando comienza a poblarse lentamente. El barranco de Cha Marta, obstáculo en la prolongación de las calles hasta la zona del cementerio de los molinos, tuvo que ser superado construyendo pequeños puentes de piedra o madera para permitir la comunicación de las calles.

La calle Núñez de la Peña, nombrada así a partir de 1899, antes calle del Duque, del Texal  o del Olivo, nace desde la puerta lateral de la iglesia de San Agustín, convirtiéndose en el eje fundamental que marcó el límite para la salida de la población en dirección sur desde el año 1500. Pronto fue habitada por labradores, ganaderos y algunos artesanos con fábricas, como una de tejas. Al final de la misma se levantaron distintos molinos de viento que dieron el nombre al lugar y allí se localizaron los corrales del Concejo.

El cementerio, a pesar de ser proyecto de 1807, no será hasta 1814 en que finalicen su obra inaugurándose oficialmente, con bendición del obispo ese año referido, aunque solo se había realizado el amurallamiento del recinto; la presencia de la ermita fue condición indispensable para localizarlo en ese lugar ya que serviría como capilla del camposanto.  Esto sirvió para que la calle de San Juan estuviese permanentemente reparada y adecentada para permitir el contacto con el cementerio debido a ser la vía por la que se conducen los cadáveres al cementerio.

Tras distintas reformas y proyectos, el 5 de marzo de 1902 y con proyecto de Antonio Pintor, se aprueba y dotan las obras que finalizarán en 1906 en que por fin es abierto al público tras su nueva bendición.

Esta obra contribuyó al crecimiento del barrio y de la ciudad conformado por cuatro manzanas y tres calles paralelas: la de Núñez de la Peña o El Olivo, la de San Juan, primeramente llamada calle del Corral  y la Trinidad, cortadas por la calle del Juego.

Este barrio era una prolongación de la ciudad para el extrarradio desde donde comenzaban varios caminos que comunicaban con el campo y algunos caseríos. En este espacio, destacaban fundamentalmente la ermita de San Juan, el barranco de Chamarra, el cementerio y los molinos; incluso, hasta una plaza de toros se levantó en 1891, de estructura de madera que duró en pie solo unos pocos años, con lo que se va conformando y ensanchando el barrio de San Juan o Llano de los Molinos, conocido así popularmente.

Por esta zona se conectaba la ciudad con el campo, habiendo existiendo en el barrio un horno o estufa para la cochinilla, de tanta rentabilidad entonces, lo que nos da idea de las huertas existentes en su perímetro y que sirvió dando riqueza que se utilizó en la restauración de viejas casonas y en el nuevo urbanismo.

Finalmente, concluir con la conformación de esta humilde ermita en  parroquia de La Laguna tras el decreto, en 1963, del Obispo Luis Franco Cascón que ostenta desde entonces.

Pero basta ya de tanto formalismo histórico y documental, porque todo esto es conocido por ustedes y, casi siempre, los pregoneros decimos y recordamos lo mismo una y otra vez. Vamos con otra vertiente más lúdica, más popular, más tradicional y conocida. Repasemos lo que la fiesta de San Juan nos ofrece y a lo que nos invita.

Continuará

También te podría gustar...