Pregon de la Semana Santa de La Laguna 2015 (II). Por Francisco González de Aledo y Buergo
(…) En esa noche todas las miradas, absolutamente todas las almas, se han parado en Jesús Nazareno, incluso en medio de una conversación, de una risa, todo se para al ver llegar al Cristo. Las devociones inquebrantables en nuestras benditas imágenes, el recuerdo de nuestros mayores, el deseo de que nuestros hijos crezcan sanos y salvos, la esperanza de que nuestro hermano, nuestra esposa o nuestra madre sane de la enfermedad, todo se deposita con una callada plegaria a los pies del Cristo Lagunero. Cuantos labios al paso del Cristo murmuran palabras de agradecimiento, de súplica. Cuantas miradas se bajan también por haberle fallado en algo durante el año.
La fe tiene un componente de duda, es verdad, porque si no sería ciencia, pero en esa madrugada del Viernes Santo, ante la cruz, la duda parece que es menos o incluso desaparece.
Cuando van llegando estas fechas se desbordan las emociones acumuladas durante un año, se echan en falta de una manera más patente a quienes ya no están y estuvieron, se agolpan recuerdos de tu niñez y en definitiva vives plenamente aquello que merece la pena ser vivido de forma intensa.
Quiero dedicar también unos minutos a repasar la evolución de la Semana Santa que yo he vivido y sobre el verdadero sentido de la misma. No me detendré en hablarles de los distintos pasos, ni de las Cofradías, puesto que otros ilustres pregoneros que me han precedido se han ocupado espléndidamente de estos aspectos.
Tampoco me parece oportuno hablarles de todo lo relacionado con el arte, las características de las imágenes, ni de las magníficas obras de los artistas José Rodríguez de la Oliva, Fernando Estévez, Lujan Pérez o Ezequiel de León, por citar a unos cuantos. Repito, también sobre este particular está todo dicho y muy bien dicho por mis predecesores.
Cuando empezamos a buscar datos sobre la Semana Santa de La Laguna nos encontramos con distintas definiciones y versiones, según el documento que consultemos, pero en muchas, por no decir en la mayoría, se repite más o menos lo siguiente: “La Semana Santa de La Laguna es considerada como un autentico museo al aire libre, con pasos de gran valor histórico y artístico, verdaderas obras de orfebrería impresionantes, con muchos siglos de historia. La Semana Santa de La Laguna es además considerada como la más importante del Archipiélago Canario”
Yo tengo que confesarles que no puedo opinar sobre otra Semana Santa, ni del Archipiélago ni de la Península, sencillamente porque siempre, en estos más de cincuenta años, la he vivido en mí querida Laguna, salvo un año. Para mí y para mi familia Semana Santa y La Laguna son dos cosas absolutamente inseparables, como le pasa a muchas familias laguneras. Por ello, a través de esta gran oportunidad que me han dado, quiero rendir también merecido y sincero homenaje de respeto y admiración a cuantos sacerdotes, religiosos, hombres, mujeres y niños han hecho, y siguen haciendo posible, desde su entrega, actitud y trabajo, que la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo se viva intensamente, además de en los templos, también en las calles. El Papa Francisco en una homilía dentro del año de la fe dirigida a multitud de Hermandades y Cofradías, apuntaba lo siguiente: Son ustedes una realidad tradicional de la Iglesia que ha vivido en los últimos tiempos una renovación y un redescubrimiento. Es un tesoro que tiene la Iglesia, que sin embargo a veces creo, y dicho sea con el máximo respeto, hemos sido tratados de forma algo injusta.
En un periodo más o menos reciente, allá por los años 60-70, a pesar de los esfuerzos, lo cierto es que se produce un periodo de verdadera crisis espiritual, muchos lo achacaron al vertiginoso desembarco del turismo, a la explosión del sur de nuestra Isla, que supuso para muchos un nuevo estilo de vida. El ocio parece imponerse a cualquier otra oferta; las funciones religiosas y las procesiones ya no son el centro de atención para muchas personas. En las Cofradías vemos como muchos de sus miembros no acuden ya a la llamada.
Además, las celebraciones en La Laguna sufren un durísimo revés al perder una parte de su patrimonio en el fatídico incendio que arrasó la Iglesia de San Agustín en el año 1.964. Aún tengo el recuerdo al salir del Colegio de los Hermanos de la Salle, para ir a casa, de una nube de humo negro que cubría casi toda la Ciudad. Seguro que muchas personas que hoy nos acompañan en este pregón fueron testigos directos de dicho siniestro. En ese incendio se malogró un magnifico y amplio templo, que recordemos era sede de varias Cofradías, como la Hermandad de la Sangre que perdió la imagen de su titular y prácticamente todas sus pertenencias, también sufrieron serios daños el Nazareno y otros mas, y el Cristo de Burgos también se perdió en el pavoroso incendio, por citar solo unos casos.
Pero los Laguneros se pusieron de nuevo en marcha y con un importante esfuerzo se pudo realizar, por ejemplo, una nueva talla del Señor de la Cañita, trabajo que mí recordado padre encargó al escultor D. Ezequiel de León. Y en este punto, si me permiten ustedes la anécdota, decirles que en una vieja casa contigua a la que vivía mi familia en la calle Bencomo, se instaló, casi de forma permanente, Ezequiel de León a fin de que dedicara todo el tiempo posible a esculpir la nueva imagen, lo que después de muchos esfuerzos y dedicación concluyó para que el Señor de la Cañita pudiera ya procesionar en la siguiente Semana Santa de 1.965.
Con la llegada de una nueva Constitución en la que se declara a España como un Estado aconfesional, en definitiva nuevos tiempos, pudiera en principio parecer que esa crisis se iba a agudizar aún más si cabe. Pero lo cierto es que comienza a notarse una recuperación considerable, con la incorporación de nuevas Cofradías y pasos, tanto en el casco como en los barrios. También se refunda, entre otras, la Cofradía del Cristo de Burgos que ciertamente realiza un importantísimo esfuerzo para poder prosesionar de nuevo. No cabe duda por tanto que la Semana Santa ha ido creciendo en todo hasta estas fechas. Ha habido cambios, también ha habido evolución; hubo crisis de espiritualidad, recuperación de lo perdido, en definitiva, una evolución que yo espero que siga desarrollándose durante muchos años. No quiero caer en la palabra fácil o en la autocomplacencia afirmando que nuestra Semana Santa es la mejor. La Semana Santa no debe constituir motivo de pugna o competencia entre distintos lugares de la Cristiandad, porque la única y autentica fue aquella en que Dios hecho hombre se sacrificó por todos nosotros, incluso por aquellos a los que exculpó diciendo: “Perdónalos Padre pues no saben lo que hacen”.
Semana Santa, tiempo de vacaciones, ocio y tiempo libre, para aquellos que hoy día llaman a la Navidad vacaciones de invierno, o a esta Semana Santa que pregono la consideran una simple fiesta de primavera. Pero para los que hoy aquí estamos,¿qué es la Semana Santa?
Al hilo de esa pregunta, ¿que papel hemos jugado los cientos y cientos de laguneros y laguneras que con nuestro pequeño granito de arena hemos colaborado al esplendor de la Semana Santa?. Creo honestamente que ha sido un papel destacable, pero también debemos en nuestra condición de Cofrades reflexionar y hacer algo de autocrítica. La palabra Cofradía significa, entre otras acepciones, unidad de hermanos, de fieles católicos en torno a la advocación de una imagen de Cristo o de la Virgen, y eso a veces, yo el primero, no parecemos recordarlo.
No siempre todos comulgamos con lo que la Iglesia nos manifiesta, pues pude parecer que en algunos casos está algo vieja y anticuada, pero debemos evitar
caer en lo que a veces caemos. Otras veces nos creemos que podemos hacer la religión y el recuerdo de la Semana Santa por nuestra cuenta. El autentico Cofrade, el Esclavo, proclama públicamente que es cristiano y que está orgulloso de serlo y que no tiene vergüenza en reconocerlo. El Papa Francisco nos recuerda que la piedad popular es una senda que nos lleva a lo esencial, si se vive en la Iglesia, es una manera legítima de vivir la fe.
Pero también tenemos otras obligaciones y responsabilidades, sobre todo últimamente cuando nos ha azotado duramente la famosa crisis, crisis que va más allá de lo económico o financiero, aunque esta sea la cara más cruel y la que muchos han padecido y padecen. Tiene también la crisis raíces de otro tipo, porque también estamos en presencia de una crisis cultural, una crisis profunda de valores, una exaltación del egoísmo a nivel personal. El Santo Padre repetía que allá donde el hombre es único dueño del mundo y propietario de sí mismo, no puede existir justicia. Y aquí, en este punto, también deben jugar un papel importante las Hermandades. No debemos permitir que nos digan que nuestro quehacer no sobrepasa habitualmente lo estrictamente cultural y devocional, ni que nuestra principal y casi única preocupación sea lo exterior y la salvaguarda de lo que llamamos tradición. Me refiero ahora a la acción socio caritativa, que como seguro ustedes saben, fue elemento constitutivo de muchas Hermandades, que nacieron para ejercer la caridad y la solidaridad entre sus miembros y entre todos los necesitados. Hoy en los momentos de crisis que desgraciadamente seguimos atravesando, la parcela caritativo social adquiere pues una dimensión y un protagonismo de primer orden. Nuestras Hermandades, Cofradías y Esclavitud no han sido ni mucho menos ajenas a esa obligación, han contribuido muchas a paliar las necesidades de nuestros vecinos aportando su pequeño granito de arena y participando en numerosas campañas solidarias, en estos tiempos donde se dan verdaderas situaciones de injusticia social (…).

