Poemas laguneros para el Compatrón de la Ciudad: “Historia de un baño de mar”. Juan Pérez Delgado (Nijota)

Historia de un baño de mar

Respecto a baños de mar,
os voy a versificar
el caso de seña Inés.
Un hecho muy singular

Con lenguaje simpático
ella cuenta el golpe acuático
en que casi se descrisma.
Yo, oyéndola, quedo extático.
¡Escuchémosla a ella misma!:

«Con mi sobrina Cayaya
fi yo aquel día a la playa.
Ella se diba a bañar,
pos la muchacha ¡malhaya!
lo bien que sabe nadar!

Se pone, con gran primor,
el vestido bañador,
y le juro, señorito,
que aunque ese sea el «mallor»
yo lo incuentro muy chiquito.

Se tira al mar y se encaja
nadando hasta aquella baja
en que encalló un día un barco.
Yo me asenté en una laja
que está rente mesmo a un charco.

Pasa un barco de vela,
Yo —como era domingo—
tenía mis lonas canelas,
a las que le puse suelas
de las gomas de un fotingo.

Como la laja era chata,
yo, pa ver mejor el barco,
me afianzo en una alpargata,
¡¡resbálaseme la pata,
y me voy drento del charco!!

Cayaya, que se fijó,
nadando fuerte llegó,
me echó mano por aquí
y del agua me sacó,
¡ay, qué enchumbada me vi!
Y por si esto poco fuera
y pa que más maldijera,
agarrado con su rejo
me vi en el brazo un canngrejo,
como un lelos de oulsera.

Si es cosa que yo no enteindo
es que persona cristianas
me digan que tienen ganas
de bañarse en el
¡siedo tan güenas las planganas!.

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