Poema y foto al Martes Santo lagunero

Martes Santo lagunero

Martes Santo en San Cristóbal de La Laguna, la noche se arrodilla,
sobre calles empedradas que guardan la semilla
de siglos de silencio, de fe que no se apaga,
mientras la bruma leve los balcones embriaga.

La Catedral de La Laguna suspira entre cirios encendidos,
y el aire se estremece con rezos contenidos;
las puertas se entreabren, la penumbra se derrama,
y un murmullo antiguo el corazón reclama.

Suena el tambor lento, profundo, casi humano,
marcando el pulso eterno del sentir lagunero temprano;
y en cada esquina estrecha, donde la historia respira,
la devoción florece como una eterna lira.

Avanza la procesión… silencio que estremece,
la cera llora luz, la noche se estremece;
bajo capirotes negros, promesas y plegarias,
caminan almas solas, pero nunca solitarias.

Y pasa el Cristo, sereno en su agonía,
reflejo de la pena y también de la alegría;
porque en La Laguna, cuando el Martes se hace santo,
la fe no es solo llanto… también es un encanto.

Y así la noche queda suspendida en el tiempo,
como un suspiro largo, como un sagrado aliento;
Martes Santo lagunero, de sombra y de fervor,
donde cada paso escribe… una oración de amor.

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