¿MANUEL VERDUGO BARTLETT ESPIRITISTA CANARIO?

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Buscando otro asunto me encontré con este que les reproducimos hoy integró y que está escrito por Oscar M. García Rodríguez. Mañana le ofreceremos a otro personaje lagunero, don Domingo Verdugo «El Espiritista» hermano de Manuel

Según García Rodríguez: La Autobiografía que Manuel Verdugo escribiera para el diario El Progreso a invitación de su director, Leoncio Rodríguez, y que apareció en portada del mismo en dos entregas sucesivas los días 21 y 22 de septiembre de 1909, en la sección denominada, precisamente, “Autobiografías: Viejos y Jóvenes”, viene encabezada con estas palabras:

“Sr. D. Leoncio Rodríguez, mi querido amigo: Me pide usted mi autobiografía. ¡Eso es pedir peras al olmo! No tengo humor para escribir mi novela que no es más que una historieta inmoral que no interesa á nadie, ¡ni á mí mismo! Allá van esas cuartillas en que aparecen opiniones de un sujeto que bien puede ser mi alter ego. Suyo aftmo.”

Y es que Verdugo utiliza como original método para hablar de él mismo, la tercera persona; crea así el personaje de un imaginario amigo -su alter ego- que expresa pensamientos, ideas, reflexiones y experiencias que son las del autor. De este artículo transcribimos ahora la parte en la que confiesa su plena participación del ideario y la cosmovisión de la doctrina espiritista:

“Mis ideas religiosas, han seguido un curso muy extraño: De la pura y candorosa fé de mi adolescencia, pasé bruscamente—fenómeno nada raro en esa edad crítica— a un materialismo estúpido, fruto de lecturas abstrusas mal digeridas. Después, como un término medio conciliador para mi pobre espíritu indeciso, me refugié en una idea caótica de panteísmo; me bañé en ese prístino albor de las religiones orientales. Más tarde, la figura de Jesús—el Jesús de Renán— me atraía como una estrella rutilante en medio de las lobregueces de mi noche intelectual; y hacia ella dirigí mis pasos vacilantes. El Jesús legislador de almas, me parecía de una grandeza abrumadora; pero… (¡Oh Luciano!, ¡Oh Juliano!, ¡Oh Portifrio!…) ante aquello de “Jesús, hijo de Dios Eterno” y “Jesús, hijo eterno de Dios*, Calvino me hubiera socarrado en una hermosa fogata como la que achicharró a nuestro paisano Miguel Servet. Después… Después, harto de hacer carambolas teológicas con el pensamiento, guardé la simbólica serpiente que se muerde la cola, en una caja de mazapán, y me tendí a la sombra de Sócrates, que parecía sonreírme con sus labios túmidos, sin aceptar la ofrenda de mi corazón… Y así musité las palabras que dirigía a sus discípulos el gran amigo de Alcibiades: “El que de vosotros, al mirarse en un espejo se encuentre hermoso, cuide de no deformar esa belleza con la deformidad de sus vicios; y aquel que se vea feo, procure borrar la fealdad de su rostro con el brillo de sus virtudes.”

Más tarde cambié de postura… Y reverenciando la figura del Galileo como cúspide luminosa de la Humanidad, y mirando sus máximas como un divino Código de Moral, me incliné al Espiritismo que, como todas las teorías, la considero buena mientras no vengan otras a explicar mejor que el ciertos fenómenos en apariencia contradictorios a las leyes conocidas que rigen el mundo físico; fenómenos cuya realidad ha sido rigurosamente comprobada por eminencias científicas. Sé que te reirás viendo como mi extraño sincretismo me ha hecho sedimentar tantas y tan diversas tendencias para venir a cristalizarse en esta espiritista tan desprestigiada por el charlatanismo y la ignorancia, ¿Y por qué no he de mirarla con franca simpatía? El Espiritismo Moderno, como doctrina filosófica, creo que responde a todas nuestras aspiraciones, a todas las necesidades de nuestro ser pensante. Con frecuencia hallamos personas que se tienen por cultas y creen que tratar de Espiritismo y Mediumnidad, es como hablar de brujas, de Goecia, de Magia Negra; es hacer bailar una mesita de tres patas para divertir a unas señoritas cursis, o invocar la sombra de Nabucodonosor o de Pipino el Breve para que nos diga qué hace nuestra cocinera o cuál será el número agraciado con el Premio Mayor de la Lotería de Navidad.

Siendo infinitamente más cómodo creer que discurrir, todas esas personas descansan en brazos de una fe que, como ciega, sin duda ha de conducirlas por el mejor camino… Y condenan con el ridículo o con el anatema más fulminante lo que desconocen y no quieren tomarse la molestia de encaminar despacio.

Prescinde de la fase experimental del Espiritismo, y sumérgete en el piélago de su Doctrina… ¡Es consolador echar una ojeada por los principios fundamentales de esa teoría, que ya presintió Orígenes en su concepto de la vida; concepto que, a juicio de Laurent, es la más vasta concepción que haya salido de combinar la Filosofía con la Religión! El pensamiento moderno ha desechado los errores de Orígenes y ha encauzado sus aciertos, deduciendo consecuencias que tienen el encanto de un ensueño realizable… Sé que soy imperfecto, no por efecto de la culpa, sino como criatura; pero sé que poseo la fuerza necesaria para marchar por un camino infinito de progreso. Sé también que por el hecho de ser criatura no puedo alcanzar jamás la perfección del Creador; pero para satisfacer mi necesidad de felicidad y perfección, me basta que sea ese el ideal, dependiendo de mi el aproximarme a él. ¡El progreso continuo a través de una serie infinita de existencias, sin que haya punto en que termine esa marcha ascendente!… Cuando en las noches de tristeza y desaliento alzo la frente a la cúpula del cielo donde los astros, con su misterioso telégrafo luminoso, nos cuentan cosas incomprensibles del más allá, me inunda un suave y generoso orgullo pensando en mi personalidad indestructible…

Manuel Verdugo se declara espiritista

Sí, una vez creados, seremos siempre, y de ahí que nuestros esfuerzos para perfeccionarnos no son estériles: “cuanto ganemos en virtud, subsistirá, y del empleo de nuestras facultadas dependen las condiciones de nuestras existencias progresivas.” Pero, — me objetarás— ¿Y el doloroso espectáculo de las desigualdades humanas?… Y Orígenes te responderá: “Si el mal y el bien están desigualmente distribuidos entre los hombres, no puede ser esa desigualdad sino una pena o una recompensa: la justicia de Dios quiere que esas penas y esas recompensas sean una consecuencia de nuestros méritos y de nuestros deméritos; cada cuál de nosotros hace, pues, su destino, y nuestra entrada en este mundo es un efecto rigoroso de nuestra vida anterior, y las condiciones de nuestra vida futura dependerán del uso que en ésta hagamos de nuestro libre albedrío.

¿Te repugna creer en la realidad de las comunicaciones medianímicas? Y ¿por qué? ¿Es por que no crees en lo sobrenatural? Yo tampoco; y sin embargo las acepto.

Dios, para manifestar lo infinito de su poder, no necesita hacer nada sobrenatural ¿Qué mayor milagro que todas las cosas tan naturales que nos rodean y que contemplamos con tanta naturalidad? Un hecho por absurdo que nos parezca, desde el momento que se realiza – podrá ser inexplicable; pero nunca sobrenatural. De todas las leyes que rigen el mundo físico, conocemos unas cuantas— ¡muy pocas, por desgracia!— y con este corto conocimiento pretendemos explicarnos cuantos fenómenos se desarrollan en el Universo. Puede muy bien atribuirse las pretendidas manifestaciones espiritistas a causas hoy todavía desconocidas; pero que entran en el dominio de la ciencia.

Si en una sesión observo que una mesa aislada se levanta y se mantiene en el aire, no se me ocurre pensar en un milagro que haya anulado en aquel instante, para mi recreo, la ley de la gravedad. Lo que pienso es que desde el momento en que la mesa se ha elevado, hay una fuerza de origen desconocido, que vence a la fuerza de la gravedad y que puede desarrollarse en circunstancias y con elementos especialísimos: Cadena magnética de los experimentadores, estado anormal del Médium, tensión poderosa de una red de voluntades ante un pensamiento fijo, etc.

Así, creo que los fenómenos de levitación, de golpes en los muebles y en las paredes, rachas de aire violento, y otros muchos, pueden referirse a fuerzas físicas provocadas en determinadas condiciones, sin que haya que recurrir para explicárselos a los fieles difuntos, como no pensamos en éstos cuando presenciamos los juegos de la electricidad, con la que estamos perfectamente familiarizados, aunque su naturaleza nos sea perfectamente desconocida.

Admito que los resplandores, la adivinación; hechos acaecidos a gran distancia, etc., se atribuyan a estados patológicos del médium, pues el histerismo algunas veces ha tenido manifestaciones luminosas; y ya conoces sobradamente los casos de telepatía y videncia de los sonámbulos.

Concedo también que la tensión de ánimo de los que asisten a una sesión (formal) espiritista, el ambiente de misterio, la semioscuridad, el deseo vehemente, unido a un vago terror de presenciar algo ultrahumano, son circunstancias a propósito para sufrir alucinaciones visuales o acústicas, hijas de la autosugestión, aunque esta autosugestión colectiva me parezca un poco incomprensible…

Pero hay otros casos de una índole tal, que de ningún modo pueden ser producidos por las causas apuntadas anteriormente: Detrás de estos casos se revela embozadamente, no una fuerza, no algo, sino alguien…

Y ante ellos, la razón se plantea este dilema: o los niego —lo cual es imposible, por lo menos para mí – o reconozco en ese alguien a un ser inteligente, invisible que, para dar pruebas tangibles, claras, de su existencia, dados los imperfectos medios de percepción de nuestro organismo, se vale de otro singularmente constituido, que por eso se llama médium.

El Doctor Souza Couto, de Lisboa, me aseguró haber comprobado diferentes veces con aparatos muy sensibles, que el sujeto con quien experimentaba perdía peso durante el estado de trance…. Este dato te dará que pensar, si no tienes muchas ocupaciones….

Por mi parte, desde el momento en que creo en la supervivencia del alma al cuerpo, no hallo absurdo aceptar que, una vez desligada de los lazos terrenales pueda y quiera comunicarse con las que aún pululan encarnadas por este despreciable planeta, destinado a girar siempre entre Venus y Marte, es decir: entre el amor y la guerra.

El cariño puro, abnegado de una madre; una pasión que llegue hasta el sacrificio, un afecto noble y leal, mantenido íntegramente durante toda una vida, son cables inmateriales, que no destruye la muerte, y que nos ligan con los que partieron antes…. Para la existencia progresiva del espíritu, morir aquí es un accidente, un cambio de fase…. Vivimos rodeados de seres invisibles que nos observan, que nos aman y que nos compadecen….

Es pueril y es ridículo, oponer a estas consoladoras ideas el argumento de que, si las almas pudieran comunicarse con nosotros, nos resolverían todos los problemas que atormentan al hombre desde que se dio cuenta de que tenía un cerebro. Si el hombre estuviera en posesión de la verdad, ¿para qué esta vida de prueba? ¿Cuál sería el objeto de la Humanidad en este correccional que llamamos tierra?…. Con nuestros propios esfuerzos, con nuestro trabajo constante a través de los siglos, con el deseo de perfeccionarnos, han de conseguirse las grandes y lentas conquistas de la inteligencia. ¡Qué suma de esfuerzos del entendimiento no representa cada una de esas partículas de verdad que conservamos orgullosamente como trofeos de la lucha grandiosa y purificadora!

Si es ridículo pretender que los espíritus nos resuelvan los problemas cuyas incógnitas ha de despejar poco a poco nuestra tenacidad, es estúpido imaginar que esos espíritus acudan dócilmente a una vocación para ponerse al servicio de nuestros mezquinos intereses y de nuestras pasiones a ras del polvo, o para interrogarles sobre lo porvenir… ¡El Porvenir, tan misterioso para ellos como para nosotros, puesto que su secreto es de Dios!”.

Nada que objetar al discurrir del poeta en materia de espiritismo, pues refleja una postura que nos parece de altos vuelos filosóficos, muy racional y auténticamente kardeciana.

Manuel Verdugo cita en su Autobiografía algunos experimentos mediúmnicos a los que asistió durante su estancia en Lisboa. Al respecto he tenido la fortuna de encontrar más detalles en un reportaje publicado en la página 5 del diario “ABC” (Madrid) del 23 de septiembre de 1905. Viene firmado por Affonso Gayo y se incluye en la sección Crónica Portuguesa, con el título Tres sesiones de espiritismo. Dice el autor que apenas quince días antes había asistido en Lisboa a tres sesiones de espiritismo en las cuales estuvieron presentes varios literatos conocidos, los poetas españoles Francisco Villaespesa y Manuel Verdugo, además del propio firmante de la crónica.

Desde una postura escéptica el autor comenta las tres sesiones, a la primera de las cuales asistió un jurisconsulto, director de revista portuguesa Estudios Psíquicos, y en la que actuó de médium un joven escritor. En la misma se produjeron fenómenos de aporte:

“Adormecido el médium después de atarlo convenientemente de pies y manos, declaró entre sollozos y con voz cavernosa que se encontraba en Merida. Al oírlo, el Sr. Villaespesa, conmovido, interrogó al vidente, haciendo un esfuerzo por contenerse. El médium describió una casa de Mérida con un jardín y un estanque, hacia cuya orilla se inclina una señora vestida de blanco.

A medida que el médium habla, el poeta español siéntese poseído de espanto porque la descripción corresponde exactamente con la residencia de su novia, a la cual ninguno de los presentes podía conocer.

El médium declara que va a haber apports, enciéndense las luces y aparecen sobre la mesa una rana y unas flores (dos crisantemos). Unos dieron crédito al experimento y otros no, y se discutió mucho, como era natural.”

La segunda sesión se desarrolló en otro lugar acondicionado de antemano a fin de evitar cualquier posibilidad, atisbo o sospecha de fraude, con todas las puertas cerradas y siendo registrados todos los concurrentes de antemano:

“El local se componía de dos salas, y la puerta que las separaba estaba recubierta con una cortina. En una de las salas se colocó al médium bien amarrado a una silla y en la otra estaban los que debían ser espectadores del experimento.

Después de algunos momentos de silencio y en plena obscuridad, el médium empezó a agitarse violentamente, a llorar, a reír, hasta que, por fin, dirigiéndose al poeta español le describió el interior de la casa de sus padres: un retrato de hombre barbudo, una señora con dos niños en brazos, un mueble con vajilla al lado de una potiere… De pronto prodújose una fuerte ráfaga de viento que agitó la cortina violentamente e hizo vibrar los objetos de cristal que estaban colocados en una elagere a espaldas del médium. Este manifestó que se encontraba presente el espíritu de un suicida a quien la mayoría de los concurrentes a la sesión había conocido en vida. Descripción del cementerio de Lisboa, fenómenos luminosos y un consejo del espíritu para determinada persona ausente: ‘El alma del suicida permanece junto a su cadáver hasta la descomposición de su última célula.”

También esta vez se produjeron aportes:

“Esta vez eran tres montones de tierra del cementerio, uno de ellos de color distinto al de los otros, y dos bayas de ciprés”.

Con mayores precauciones aún que la anterior, se celebró la tercera sesión de experimentación en la que el fenómeno de los aportes volvió a reproducirse:

“A decir del médium, comparecía una novia muerta que dejó como señal de su presencia un trozo de velo, una trenza de cabello y una ramita de flores de azahar artificiales. Terminada la sesión, se comprobó que los sellos que se habían colocado en las puertas estaban intactos”.

El cronista refiere que no hubo unanimidad en los presentes para aceptar como plenamente auténticos todos los fenómenos que aparentemente se produjeron en las tres experiencias, permaneciendo él mismo en el lado de los escépticos, pero sin ofrecer o explicar en ninguna parte sus razones.

Y ahora quiero relatar una significativa ¿anécdota? Localicé un libro editado en los años 30 del siglo XX por la Editorial Hespérides de Santa Cruz de Tenerife titulado “Autobiografías”. Se trata de una colección de varios escritos autobiográficos de distintos autores y años, encuadernados en un mismo volumen, con un total de 486 páginas. Entre las autobiografías que lo integran se encuentra precisamente la que Manuel Verdugo publicó en el diario “El Progreso”. Comienzo a ojearla y, ¡oh sorpresa!, algo no cuadraba… porque el citado trabajo aparece tal cual se publicó menos….., sí, lo habrán sospechado, menos el texto íntegro donde refiere sus razonamientos, reflexiones y vinculación confesa con la filosofía espiritista (¡¿?!). Aquí no hay ningún error o equivocación, esto es, sencillamente, pura y dura censura.

Hay autores que cuando hacen la biografía de los personajes que estudian y encuentran alguna página que no saben encajar en sus prefijados esquemas mentales, ceden a la autocensura soslayando con un regate discursivo aquellas circunstancias de sus biografiados que estiman “problematicas”, entre las que más de una vez aparecen vinculaciones de aquel personaje con el espiritismo. Pero en este caso ni siquiera nos parece amable el “olvido”, sino consciente censura, en tanto en cuanto el autor del latrocinio, se muestra capaz de mutilar intencionadamente y a su conveniencia un escrito original del autor, que pretende hacer pasar por auténtico y completo.

Y para mayor ejemplo de la sospechosa connivencia presente en una sociedad condicionada y mediatizada, ni siquiera destacados estudiosos de la literatura canaria mencionan este hecho. Es más, incluso “confunden” la fuente donde originalmente fue publicada la citada Autobiografía. Ejemplo: en las notas finales que acompañan la semblanza que a nuestro protagonista le dedica Sebastián Padrón Acosta en “Poetas Canarios de los siglos XIX y XX”, se dice que fue escrita para el diario “La Prensa”, cuando realmente lo fue para “El Progreso” (¿?).

En el Recuerdo

A pesar del tiempo transcurrido y que hoy en día el sentir poético discurre por derroteros múltiples, propios de una época sin referencias de mayoritario asentimiento, el valor del arte de Manuel Verdugo no ha dejado de crecer y ser reconocido.

Ya incluso en vida, compañeros escritores se sintieron en deuda con el genial poeta y le dedicaron como homenaje y en reconocimiento sentidos versos, algunos de los cuales recogemos a continuación.

Es el caso del escritor Juan Álvarez Cruz, quién dedicó tres poemas a Manuel Verdugo en su obra “Ecos” (S/C de Tenerife, 1949) con el título de Tríptico, entre ellas la que sigue:

SALUTACIÓN

¡Oh, genial arquitecto que has sabido

erigir tenazmente y día a día

y sillar a sillar de poesía,

tu templo en las arenas del olvido!

Tu corazón, de eterna savia henchido,

junto a los claros mirtos florecía

como un fresco rosal que todavía

sus otoñales rosas no ha perdido.

Fue para ti el soneto parnasiano

la carroza triunfal de un dios pagano,

protagonista de irreal historia.

Y hoy sus versos, en mágicos tropeles,

son los bellos y líricos corceles

que arrastran la cuadriga de tu gloria.

Otro gigante de la poesía canaria, Manuel Padorno, le honra con un poema en su obra “Efigie Canaria” (11):

EL PENTELICO MÁRMOL AMOROSO

(Manuel Verdugo)

Nunca trazó figura humana alguna

oceánico gesto griego vivo

dilecta precisión, desdén altivo

en la envolvente luz de La Laguna,

delicadeza aparte, centro y cuna

belleza amó de mármol fugitivo,

eterna gracia de doncel esquivo,

reclinado jardín bajo la luna:

un muchacho de mármol le servía

de anécdota, social virilidad

apacienta la bestia equidistante;

tu sitio es éste, dulce todavía

pura arrogancia de la claridad

para tu desvarío emocionante

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