Manuel Luis Ramos leyó la pasada noche el pregón de las fiestas en honor al Compatrón de la Ciudad San Juan Bautista La Laguna 2019

Ramos García centró su pregón en un relato trenzado a base de corazón y recuerdos, el pregonero desmenuzó el pasado de la zona y sus vivencias relacionadas con la misma.

Sin duda, el pregón de Manuel Luis Ramos ha sido la obertura mejor que pueden tener unas fiestas tan señaladas para la Ciudad que lo vió nacer en 1953.

Pregón de las Fiestas de San Juan Bautista 2019. Por Manuel Luis Ramos García (I)

PERSONAS Y MOMENTOS DEL BARRIO DE SAN JUAN

BUENAS TARDES. Encontrarme aquí entre ustedes para ser pregonero de las Fiestas de San Juan es un verdadero honor y una gran responsabilidad para un lagunero que, sin haber vivido en este barrio, siempre tuvo relación estrecha con muchos de aquellos jóvenes de los años 60 del siglo pasado, como compañeros de escuela y amigos de juegos.

Antes que nada quiero agradecer a la parroquia y a la Hermandad de San Juan la decisión de encomendarme esta intervención, en la que han colaborado mis amigos Domingo Medina, Antonio Reyes y Paco Pérez, quienes me han aportado vivencias y recuerdos con los que espero que pasemos un rato agradable, aludiendo a personas y momentos de esta zona de nuestra ciudad, que ha formado una parte muy importante de la historia de La Laguna.

Hablar de este barrio y de su parroquia es una misión casi imposible, que llevaría cientos de miles de páginas en una enciclopedia por fascículos que sería intermibable. Mi deseo es que ustedes disfruten rememorando algunos datos que he podido recopilar y algunos recuerdos de una adolescencia que viví entre las iglesias de San Juan y Santo Domingo.

EL BARRIO DE SAN JUAN DESDE ARRIBA

La profesión que ejercí durante poco más de 40 años me permitió en muchas ocasiones ver la iglesia de San Juan y el contorno del barrio desde lo alto, tal vez como lo ven aquellos que nos han dejado y que viven ahora en paz con Dios.

Desde el cielo apreciamos muchos detalles en conjunto, que sería imposible percibir estando en tierra. En estas fotografías que proyectamos ahora, desde aquella ciudad que plasmó en papel el ingeniero Leonardo Torriani, autor del primer plano de una ciudad "sin murallas y abierta por todas partes”, hasta una vista aérea actual de La Laguna, vemos lo que era esta zona en el siglo XVI, el Valle de Aguere y el contorno de este barrio en la actualidad, que limita al norte con el barranco de Chamarta, flanqueado por la Avenida de la Trinidad y la calle San Antonio hacia el este y el oeste y hacia el sur por la autopista.

CELEBRACIONES DE SEMANA SANTA

Mi infancia transcurrió entre los barrios del Tanque Abajo y San Juan, con juegos y encuentros en el campo de Los Hermanos de la Salle, y pequeñas contiendas a pedradas entre las pandillas de San Honorato y del Barrio Nuevo, que nos disputábamos los trofeos del juego de los boliches, después de ganar las vidriolas con ”un chis y palmo”. Pero al llegar la Cuaresma, las guerrillas tenían una tregua, ante los acontecimientos que nos esperaban en Semana Santa. Las iglesias de San Juan y Santo Domingo aportaban cofradías y tronos de renombre, que se unían fraternalmente en la Procesión Magna del Viernes Santo.

A principios de los años cincuenta comenzaron a integrarse los capuchinos en las cofradías, que hasta esos tiempos solo desfilaban con los hábitos de sus hermandades. El Señor de la Cañita, que salía de la iglesia de San Agustín, y El Cristo de las Caídas, perteneciente a ésta de San Juan, fueron los primeros Pasos que desfilaron con capirote, uniformándose al estilo de las celebraciones andaluzas. El género para los hábitos se compraba por aquellos tiempos en los Almacenes Ramos, que fueron todo un referente de calidad y buen trato durante más de setenta años.

Desde aquí un recuerdo especial a mi abuelo Manuel y a mis tíos abuelos, fundadores de aquel comercio situado en la confluencia de las calles de Juan de Vera y la Carrera, en el lugar conocido como ”esquina de los Ramos”.

Según me contó mi padre, quien les habla fue uno de los cofrades más jóvenes de aquellos años, desfilando por primera vez con la Cofradía de la Unción y Mortaja de Cristo delante del trono de Los Santos Varones y la Magdalena, en las procesiones del Jueves y Viernes Santo del año 1959. El Cofrade Mayor, que en aquella ocasión recayó tal cargo en Antonio Guerra León, actual vecino de este barrio, se encargó de llevar de la mano a aquel penitente de apenas seis años, mientras mi madre seguía de cerca a la procesión, vigilando el buen comportamiento y el estado del cabello de su hijo, que había sido previamente engominado con fijador, después de un corte de pelo en la barbería de don Manuel Martín. (…)

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