MANUEL ALONSO, SABANDEÑO

Carlos García

 

Fragmento de la portada del primer disco de los Sabamdeños 1966 

 

Hoy nos hemos enterado de la triste noticia del fallecimiento de Manuel Alonso, “el Yoli”, como era conocido por todos,  haciendo honor a los apodos que distinguen a casi todos los que son y han sido sabandeños.

Fue uno de los fundadores del grupo Los Sabandeños allá por el año de 1966 y permaneció en activo hasta 2007 en que abandonó la música en activo y sobre los escenarios, 41 años continuados. No obstante, siguió siendo y sintiéndose como tal, gracias a esa impronta que se manifiesta en quienes hemos sido y formado parte del grupo folklórico y popular tinerfeño. Es una huella indeleble que llevamos personalmente.

Manolo, residente en Bajamar pero con sangre de la Punta, fue uno de los parranderos y músicos populares más reconocidos en el mundo del folklore canario. Con su laúd a cuesta, fue figura señera en el funcionamiento de Los Sabandeños, donde  definió una personalidad de seriedad en la manera de comportarse en los ensayos, grabaciones o conciertos, que luego nada tenían que ver con su espíritu jovial y festivo con el que impregnaba cada uno de sus actos. Junto con Enrique Martín fue uno de los más respetados en cuanto a sus criterios de protección y defensa del grupo musical, y de la esencia de lo popular, a los que todos hacíamos caso y teníamos en consideración. Pero junto a eso, también, uno de los más “coñones”, de los que más bromas gastaba, en compañía, por ejemplo, de su amigo-enemigo de siempre Juan “Calzones”, de los que pocos nos librábamos de sus certeros vacilones.

 

En referencia a su sentido musical, y a pesar de su falta de conocimientos académicos, se distinguió siempre por su afán de superación y por sus ganas de interpretar el folklore de un modo digno y muy meritorio, eso sí, con un estilo muy personal que recuerda a los punteros por su “tempo” especial. No en vano procedía de familia parrandera, como su padre Pancho el de Cantarranas, cantador magnífico de la zona costera de La Laguna.

Hombre afable y bueno, con su gran “humanidad” y fortaleza de cuerpo que lo hacía temible cuando abría su enorme mano que, al ponerla encima de tu hombro, se notaba espesa y sólida, que contrastaba con su amabilidad y servicio para el resto de situaciones para las que siempre estaba dispuesto.

Muchos lo recordaremos en su Bajamar de toda la vida, allá junto al “Sheriff”, o con una caña de pescar en la mano, por la escollera o por Mariánez, cogiendo viejas en las bonanzas de la mar. Y con su manta esperancera, afinando su laúd y sentado al frente de Los Sabandeños.

Nuestro pésame, cariño y apoyo a su viuda, Araceli, y a toda su larga descendencia. Descansa en paz amigo Manolo.

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