LOS CENTENARIOS POSTRES DE LA NAVIDAD LAGUNERA (I). Por Julio Torres Santos

Tradiciones Navideñas en La Laguna y su Comarca 1999

Desde hace casi doscientos años son los símbolos más representativos de la artesanía culinaria lagunera. Durante mucho tiempo, una Navidad sin pasteles, ñames, truchas,… era una Navidad a la que le faltaba algo. Aunque en la actualidad otros productos más o menos foráneos los han relegado a un segundo plano, aún pervive la tradición de consumirlos en estas fechas.

Apuntes históricos sobre los pasteles laguneros

Resulta imposible establecer la época en que los artesanos laguneros comenzaron a elaborar sus aromosos y sabrosos pasteles navideños. Se sabe que en la segunda mitad del s. XIX vivió en La Laguna doña María Gracia a quien se le atribuye el haber sido la primera que los comercializó, aunque parece ser que ya mucho antes los elaboraba seña Socorra. En definitiva, el origen de esta industria es bastante dudoso, y tendríamos que remontarnos al menos a las primeras décadas del siglo pasado para saber a qué atenernos.

De cualquier forma, los pasteles fueron siempre producto de una industria artesanal y familiar, características que mantuvo siempre, si bien ha evolucionado con el paso del tiempo, adaptándose a las exigencias actuales del mercado.

Pero volvamos a los comienzos. En 1889, había en nuestra ciudad tres pastelerías: una en la calle San Agustín, de doña María Gracia; otra en la calle de San Antonio, de un tal Panchito; y otra en la calle de la Empedrada (hoy, Marqués de Celada), perteneciente a la familia Guerra Molina. Cada una de ellas producía en cada jornada unos cientos de pasteles, merced al laborioso trabajo de sus dueños y de, al menos, seis operarios. Con el paso del tiempo, estas pequeñas industrias familiares proliferaron en la Villa de Arriba.

El día de la Concepción -8 de diciembre- comenzaba la producción de pasteles, que finalizaba el 6 de enero. Fabricados a base de harina y manteca del país, los pasteles, que eran de tres clases, costaban cuatro cuartos. La harina utilizada era de trigo colorado, que se cosechaba en el Rodeo, mezclada con la de trigo morisco o, en ocasiones, con la procedente de Inglaterra.

Elaborados exclusivamente en La Laguna, los pasteles tuvieron su mayor auge en torno a 1895. Después, debido a la aparición de producciones más industrializadas, perdieron su carácter estrictamente artesanal. La familia “Francisquita” y don José Expósito Rodríguez, quien, al parecer, aprendió de la famosa doña María Gracia, fueron los últimos fabricantes artesanales de pasteles laguneros. La familia “Francisquita” estaba integrada por varias mujeres y un hombre, siendo este último su miembro más representativo y al que se conocía con el nombre genérico de la familia. Tenían su pastelería en la calle Empedrada (hoy Marqués de Celada) y la calidad de sus pasteles atraía a tal cantidad de gentes que hacían largas colas y, si una hornada se acababa, esperaban a la siguiente. Esta espera era amenizada con los cantos de “Francisquita”, al parecer uno gran cantador de malagueñas.

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