Los años 60 y 70 de Los Rodeos y Bajamar (I)

Por Julio Torres

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El aeropuerto de Los Rodeos fue creado tras la petición de Lufthansa de enlazar la isla con Berlín vía Sevilla. Para ello el Cabildo acondicionó unos terrenos en una meseta en la parte alta del municipio de San Cristóbal de La Laguna (una altitud de más de 600 m sobre el nivel del mar), en unos terrenos comprados por el Cabildo de Tenerife. Su primer vuelo data de 1929 (la primera piscina de Bajamar data de los año 30 del pasado siglo XX), un Arado VI procedente de Sevilla como aeródromo con pista de tierra. Durante quince años, recibe diversos vuelos, la Real Orden de 14 de mayo de 1930 aprueba su designación como aeropuerto nacional, se construye la terminal (finalizada en 1943) hasta que el 3 de mayo de 1946, una orden ministerial abre oficialmente al tráfico el aeropuerto y un decreto del 12 de julio lo califica como aeropuerto aduanero abierto a todo tipo de tráfico nacional e internacional.

El aeropuerto se convirtió en la principal vía de entrada de turistas hacia Tenerife, y en un lugar de vital importancia para las comunicaciones de la isla.

La pista fue ampliada en los años 60 hacia el sur sobre un terraplén de tierra. Los Rodeos cambió en la misma época su denominación por Aeropuerto de Tenerife, sin embargo nunca se lo conoció por ese nombre.

En este periodo la inversión turística, no sólo se incrementó en el número de visitantes, sino que se dio entrada a empresas con una mayor cuota de mercado y con un mayor respaldo financiero.

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En un primer momento, fueron sobre todo los Alemanes, al socaire de la Ley Strauss o Ley Fiscal sobre Ayuda a Países en Desarrollo de 1968 (ley que estuvo vigente hasta 1971), los que se hicieron con bolsas de suelo y promocionaron nuevos complejos turísticos. También hubo compradores de otras nacionalidades, suecos, por ejemplo, Holandeses, Británicos, etc. así como otros empresarios españoles (locales y peninsulares).

El desarrollo turístico de Bajamar fue objetivo de la inversión de la década de los años sesenta, cuando se pusieron en explotación zonas vírgenes de la costa, que hasta ese momento tan sólo albergaban algunas viviendas de pescadores. En la memoria popular, esta etapa, llamada del “boom turístico”, aparece con frecuencia como el punto de partida de la “industria del viaje” en Canarias, sin duda, por la importante transformación económico-social y, sobre todo, territorial que produjo en Bajamar, la sociedad lagunera (los más pudientes) de la época, así como algunos políticos gratificados por algunos «favores», también invadieron Bajamar, mientras los antiguos vecinos vivían hasta ese momento predominantemente de la agricultura.

 

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