La Noche de los laguneros «La Víspera» de las fiestas el Cristo de aquellos año 60

Hoy nuestro soporte gráfico nos deja una famosa parranda de las de antes, entre los comensales lo más granado del folclore lagunero entre cuerdas, púas y voces. De izquierda a derecha el 1.- ¿?, 2.- Joséito mentira, 3.- Vicente el zurdo, 4.- Dacio Ferrera y 5.- Ito, el 6 ¿?. ¿Se imaginan el villancico de fin de cena? Foto facilitada por Fran Hernández.

 

El rifirafe anual el día de la Víspera del Cristo con el sonido y las parrandas me hizo recordar un artículo de Elfidio Alonso, publicado en “EL DÍA”, del 14 de septiembre de 1965

Les ofrecemos hoy el artículo completo firmado por Elfidio Alonso, al que las vueltas de la vida lo llevará este año y más concretamente el próximo domingo, al escenario central de la plaza del Cristo a recibir un homenje con 48.000 watios de sonido, un acto en el que espero que no se celebren los 50 años del artículo:

Anoche, en la Plaza de San Francisco, fue víspera de fiestas. Bullicio, parrandas, alegría popular en los ventorrillos. Puede decirse que “La Víspera”, dentro de las Fiestas del Cristo, es un número que nunca figura como tal en los programas, pero que los laguneros se saben de memoria. Año tras año se ha convertido en una cita tradicional. Y los laguneros llaman a “La Víspera”, sin casi darle importancia: “Es nuestra fiesta”.

A la plaza, envuelta anoche en esos olores inconfundibles que brotan de la chamusquina y del adobo, llegaron gentes de todos los puntos cardinales de la ciudad. Las familias más acomodadas, artesanos y forasteros, se mezclaban en las mesas de los ventorrillos; invitaciones a las parrandas a los más afamados cantadores de la isla, que nunca se pierden “La Víspera del Cristo”, porque en ella siempre encuentran la mejor ocasión para sentar “cátedra”.

El timple bullanguero, que es el instrumento más cómodo de llevar; el complemento indispensable de todo espontáneo, hoy pugnando con esa máquina infernal de los altavoces, que lo contaminan todo, que hacen imposible las buenas manifestaciones folclóricas del pueblo. El altavoz de esas tómbolas que rifan grandes y descomunales objetos caseros de plástico está a punto de asestarle la más decisiva puñalada a las parrandas y a nuestros cantos populares. Anoche, en la Plaza de San Francisco, pudimos contemplarlo, una vez más.

La electrónica puede más

Puede decirse que en “La Víspera” tenemos, dentro de los festejos populares del Cristo, el único rito tradicional (…) Pero con la electrónica -altavoces, festivales de música “ye-yé”- está ocurriendo que los números festeros tradicionales, propios de cada localidad, van quedándose cada vez más rezagados. Sin ir muy lejos, en las recientes fiestas de La Palma, un festival de la canción acaparó la máxima importancia. He aquí una nueva “moda”. Desde que comenzó el Festival de San Remo, estas manifestaciones se suceden aquí y allá. También La Laguna tuvo el suyo. Y hay que decir que fue un éxito rotundo de público. Nunca he visto el Teatro Leal tan de bote en bote. Quizás la anterior visita del “Dúo Dinámico” puede ser el único precedente.

(…) Todas las fiestas de nuestros pueblos se van homogeneizando. Altavoces, fuegos y música electrónica. Si un tinerfeño quiere ver algún número tradicional, una costumbre singular y típica de cierta localidad, no tiene otra alternativa que buscar con lupa en los parajes más incomunicados y alejados de las grandes ciudades (…).

“La Víspera” es popular

¿Qué es “La Víspera del Cristo”? No tiene mayor peculiaridad que la improvisación, la alegría desbordante, el bullicio, las parrandas, los ventorrillos, el aroma a carne asada. Y la tradición.

A “La Víspera” sería necesario concederle una mayor importancia; cuidar algo más los detalles -suprimir los altavoces, desde luego-, lo que no quiere decir “organizarla”, porque los mejores números populares y costumbristas siempre son los espontáneos. Que el Ayuntamiento acondicionara unas casetas o ventorrillos propios para que las parrandas y las agrupaciones de baile pudieran actuar. Ya sé que muchos están pensando en la Feria de Sevilla. No; no es eso, ciertamente. Lo que sí pedimos es un mínimo de atención para esa noche, que rebosa lagunerismo por los cuatro costados; un número que no le cuesta nada a los organizadores, que lo hace el pueblo, sin distinción de clases sociales.

Para mí -lagunero y amante de lo popular- siempre ha sido “La Víspera” un número festero realmente admirable. Lo malo es que a fuer de habitual, de gozarlo y repetirlo año tras año, ya no se le concede tanta importancia. Lo mismo ocurre con muchísimas tradiciones populares, hoy medio olvidadas, mixtificadas, desaparecidas (…) Hoy, lo único que cabe hacer es pedir un mínimo de responsabilidad a los organizadores. Ese aforismo de que “las fiestas cuestan mucho dinero” nos parece equivocado.

Tratar de conservar las tradiciones que, al fin de cuentas, es lo único que puede caracterizar a un pueblo, no es una empresa ardua o gravosa para las arcas de los municipios. El ejemplo lo tenemos en “La Víspera”: es un número “fácil”, espontáneo y propio de La Laguna. Lo hace el pueblo. ¿Cuándo durará?

También te podría gustar...