La noche de año nuevo es la más antigua y universal de las festividades religiosas (I), por Julio Torres Santos

Su historia comenzó antes de existir los calendarios anuales. Sin embargo, la fecha del comienzo del año ha variado bastante a lo largo de la Historia: Rómulo la fijó en el 1º de marzo, Numa y César, en el 1º de enero. En el s. XII la Iglesia la estableció en el día del Sábado Santo, pero Carlos IX la restablecería en el 1º de enero. Curiosamente, el gobierno republicano francés de 1792 decretó que el comienzo del año coincidiera con el comienzo del equinoccio de otoño (22 de septiembre) .
Franco Cardini se refiere al fin de año occidental en los siguientes términos:
“ Los doce días (y las doce noches) que separan la Navidad de la Epifanía son noches misteriosas, compendio del año, que valen cada una por un mes, modos de transposición de las normas habituales de comportamiento (las antiguas “libertades de diciembre”), noches que acompañan la “Gran Fiesta”, el Primero de Año. Las Saturnalia romanas, entre el 17 y el 23 de diciembre, en las que parecía que el mundo se volviera al revés y fuera el fin del orden establecido y el retorno al caos primordial, se caracterizaban por la abolición de las diferencias entre los siervos y los amos. Pero, en realidad, el caos de fin de año no es otro que el de un tiempo consumado, que se hallaba a punto de ser restablecido con mayor fuerza”.
La noche de fin de año combina, pues, algarabía y bullicio con miedos y temores a espíritus y brujas. Herederos de las Saturnalia romanas –fiestas que evocaban la igualdad y la libertad de la edad de oro de Saturno, la llegada del invierno entre los britanos y el “nacimiento del Sol Inconquistado” en honor de Mitra – y aunando religión con superchería, esa noche, la noche de San Silvestre, los agricultores europeos barrían los malos espíritus que destruían las cosechas con un gran concierto de tambores y cuernos.
Cuenta la tradición que San Silvestre fue quien bautizó al emperador Constantino y liberó al país de la presencia de un dragón que vivía en una caverna. Para descender a ella debía bajar una escalera de 365 escalones, tantos como días tiene el año
Si las noches de Navidad eran noches misteriosas, la de fin de año, la noche de san Silvestre, lo era sobremanera, pues se liberaban brujas, diablos y espíritus malignos.
