La muy lagunera «Parranda el Gofio» llevó por primera vez la Ronda de lo Divino al interior de la iglesia del convento de las Claras

La Parranda el gofio interpreto en la misma sede donde se creó el villancico de Fermín Cedrés «Lo Divino» un repertorio magistral, manteniendo esa afinación propia de las parrandas laguneras que recorren las calles laguneras al menos desde el siglo XVIII.

Si bien el pernicioso vicio de solicitar aguinaldo llevó a las autoridades municipales a prohibir esta práctica, según recogen las ordenanzas municipales de principios del siglo XX, en años posteriores a 1908 la recaudación, al menos en el casco de La Laguna, tuvo como único fin financiar los fuegos de “la entrada” en las fiestas del Santísimo Cristo, durante gran parte del siglo XX, ya en las últimas décadas «argun» elemento de baja catadura moral ha llevado acabo practicas similares, pero por fin este año lo han borrado de un plumazo.

En La Laguna se mantienen y se recuerdan todavía hoy los cánticos de Los Divinos apostados frente a determinadas casas de la “Villa de arriba” y “Villa de abajo”. Cuando, en el silencio de la noche su música comenzaba a oírse a lo lejos, todo el mundo acudía a las cristaleras de los balcones o ventanas. Llegaban en riguroso silencio, dándose las órdenes precisas en voz baja, avanzando, como si de una tropa de fantasmas se tratara. De pronto, en la quietud de la noche, hacían vibrar las voces y resonar los instrumentos a un tiempo, en bulliciosa algarabía. Cuando sonaba el acorde final, con estruendo rotundo de panderos y prolongado repiquetear de chácaras y hueseras, las puertas de la casa se abrían para ofrecer a Los Divinos bandejas de rosquetes y truchas, y botellas de vino nuevo y claro. Luego “echaban la despedida”, para reiniciar su deambular por las calles laguneras y entonar en otra casa sus villancicos, isas, folías y malagueñas. Y así hasta que, al filo de las once, dos horas después del toque de ánimas, se retiraban. No en vano, en la tarjeta de presentación de Los Divinos, el poeta anónimo decía:

“Como trovadores de historia sentida
hoy vamos cantando de hogar en hogar…”

Emparentados con los “Ranchos de Ánimas” y derivados de los “Ranchos de Pascuas”, la denominación de Los Divinos ha generado alguna que otra controversia. Rafael Hardisson -que firmaba como “Amaro Lefranc”- sostuvo que debían denominarse “Lo Divino”, pues sus integrantes no son “divinos”, sino que es “divino” lo que cantan, en recuerdo y evocación del “divino” Nacimiento. Sin embargo, Antonio Marti discrepó de tales criterios, estimando que tanto si se trataba de “cantos divinos”, como de señalar a quienes los cantan con aquella designación que vulgarmente se da a los que acudían al Portal de Belén llamándolos “divinos pastores”, al buscar la contracción del nombre en una sola palabra, ésta debía ser “los divinos”. Una postura intermedia defendió Tomás Montes de Oca, quien, en sus propias palabras, prefería “la voz popular de “Los Divinos” a la, indiscutiblemente, más correcta de Lo Divino”.

Uno de los villancicos que, en desde los años 20, interpretan con mayor frecuencia “Los Divinos” o “Lo Divino” es el villancico que lleva su nombre. Sin duda alguna, el villancico más entrañable y popular para todos los canarios, a pesar de que cuenta sólo con unos setenta años de existencia, es el compuesto por Fermín Cedrés Hernández -natural de Tegueste y no de La Laguna, como se suele afirmar- y que Los Sabandeños han interpretado magistralmente. La letra de este villancico, que nació con fines benéficos -instituciones como el Hospital de Niños requerían urgente financiación- pertenece a varias figuras de nuestra poesía, comenzando por Ramón Gil Roldán. Él escribió la estrofa:

“Anuncia nuestro cantar
que ha nacido el Redentor.
La tierra, el cielo y el mar
palpitan llenos de amor”.

A continuación tomó el testigo el cantante de ópera Nestor de la Torre, que incorpora la parte que nos habla de los clarines, las tamboras y el timbal. Ya en la segunda parte entra Santiago Beyró, con los versos:

“Madre del alma
cese tu pena,
calma tu angustia
por Dios, no llores.

Ella bendice
la Nochebuena
los Reyes Magos
y los pastores.
Lucen los valles
blancos corderos
hay regocijo
en las cabañas.
Y los tomillos
y los romeros
llenas de aromas
nuestras montañas.

Pero fue Fermín Cedrés quien plasmó sobre el pentagrama las notas que incorporan el sonido del triángulo, el acompasado toque del bombo y el trino de los pájaros.

Durante el proceso de composición Diego Crosa, el recocido poeta y dibujante, creó unos versos que finalmente fueron omitidos, por razones que desconocemos: “Baña el sol con tintes de oro/ el azul del firmamento/ perlas derrama la aurora/ nace la flor en su centro” .

Los Divinos o Lo Divino – controversias al margen sobre su denominación- no cabe duda que forman parte de nuestro acerbo popular, trovadores de una época, generaron una tradición que afortunadamente se recupera con fuerza.

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