La Laguna septembrina: Otro año más septiembre y La Laguna (II). Por Julio Torres Santos

En 1917 las Fiestas de Septiembre se inician el sábado 8 con la función religiosa – “a cargo de un elocuente orador sagrado” – y posterior procesión de Ntra. Sra. de los Remedios. El domingo día 9 tuvo lugar un concierto musical en la Alameda del Adelantado.

Son pocos los que recuerdan que la plaza del Adelantado, la “plaza de Abajo”, también se conocía entonces como Alameda del Adelantado. Ella fue el lugar de emplazamiento idóneo para conciertos musicales y paseos, entre los que destaca sin duda alguna el legendario “paseo de las tres”.

Para los conciertos se disponía un templete bajo el que las bandas de música invitadas – solían ser varias – interpretaban un programa generalmente integrado por pasodobles y fragmentos de zarzuela.

Los asistentes lucían sus mejores galas, al igual que en el “paseo de las tres”, que se integraba dentro de los festejos en honor a San Miguel. A este paseo concurrían los laguneros, el 29 de septiembre, a las tres de la tarde, con la intención de conversar al abrigo de la umbría vegetación, de pasear por los bien trazados senderos de tierra protegidos por la benévola sombra de los álamos. Los álamos prestaban el sosiego necesario para la plácida charla y el tranquilo esparcimiento. Concurrían gentes de todas las clases sociales, pero, en los inicios de este paseo, no se entremezclaban; una cuerda dispuesta al efecto delimitaba las zonas por las que debían pasear los miembros de los distintos estamentos. Esta circunstancia generó la mordaz crítica de Nijota.

“ En otros tiempos las clases sociales de la isla tenían sus campos de acción perfectamente delimitados. La plaza del Adelantado, durante el “paseo de las tres”, era como el mapa social en relieve de la isla. Al primer rectángulo de la plaza solamente tenían acceso las familias distinguidas. En los dos inmediatos, la clase media. En el resto de la plaza el bajo pueblo y el elemento campesino. Lo que se ganaba en extensión se perdía en distinción. Los individuos de cada clase social paseaban por su paseo, sin osar introducirse en el que correspondía a la clase superior. Y todo esto sin necesidad de que la autoridad hiciese valer su poder coactivo, sino únicamente merced a las leyes de la mansedumbre y la timidez, del orgullo y la vanidad ¡más fuertes que las leyes de la atracción y la gravedad que mantienen el equilibrio cósmico!” .

Afortunadamente, el paso del tiempo hizo que “el paseo de las tres” perdiera, en las ácidas palabras de Nijota, “su carácter monumental”.

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