La Laguna en otoño: Rincones (VII)

Portalón juntos al parque de la Constitución en la carretera que va a Tejina.
Los parajes silenciosos, recogidos en la paz del camino o en un recodo de la ciudad, tienen un encanto que no llega a los sitios céntricos, donde el bullicio de este vivir moderno, precipitado y vertiginoso ahoga las voces del alma. Estos lugares modestos, estos rincones evocadores son los que determinan la psicología de un pueblo, proporcionándole algo propio, inconfundible, El detalle, al fin y al cabo, constituye la suprema elegancia, La Laguna es, acaso, la población de la isla que posee mayor número de lugares poéticos, propicios al ensueño y a la meditación: una ermita perdida en la placidez campesina; un portalón cargado de años; una cruz destacándose en el azúl infinito; un sauce que añora y una fuente que se remoza al recuerdo de pasadas cuitas.
¡Lugares de evocación! ¿Quién no vivió en en ellos un momento eternizado por las más dulces ilusiones?
«Habéis removido, en nuestro interior, el arca sagrada y bien quisiéramos que, por los siglos de los siglos, conservaráis esa melancolía tan ensoñadora, tan de otros tiempos, para atestiguar que hubo una época en que él las gentes les era grato platicar de cosas del espíritu, en el recodo más florido del sendero».
Lugares que siempre se han mantenido ocultos al turísmo y que ahora te mostramos.
