La Laguna continúa en calma en el décimo día de confinamiento. Hoy hemos visitado Guamasa

Los barrios y pueblos laguneros cumplen con un confinamiento necesario, que se va a extender por espacio de un mes para ganar la batalla al coronavirus. Hoy hemos visitado Guamasa, una zona donde los vecinos y vecinas permanencen confinados en sus hogares y las calles permanecen disiertas.
Para cuando la cosa vuelva a la normalidad no olviden a Guamasa:
Guamasa, situada al noroeste del centro histórico, es una muestra de la historia rural de La Laguna, donde la oferta gastronómica, la cultura vinícola y el cultivo de cereales forman parte de la naturaleza de sus gentes.
Guamasa toma el nombre de una princesa guanche (nativo prehispánico de la isla), cuya historia ha llegado a nuestros días en forma de trágica leyenda con distintas versiones; una de ellas cuenta que, Guamasa hija de Acaymo, último mencey (rey) de Tacoronte, se enamoró del joven gallardo Teguaro. Un amor imposible por la diferencia de linaje. Buscaban el encuentro a escondidas y comprendiendo que su amor no sería aceptado se escaparon a un lugar escondido cerca de la laguna de Aguere. Al enterarse Acaymo se enfureció y la pareja recurrió a Tejina, hermana de Guamasa, para que mediara ante su padre. Acaymo acabó por aceptar la relación y la joven pareja se casó, recibiendo como dote una llanura junto a los Rodeos. Poco después de la boda, Teguaro protagonizó historias de amor con otras mujeres, lo que motivó que Acaymo lo desterrara. Tinguaro se fue a las montañas y una noche perdió la vida al caer por un barranco, mientras Guamasa murió de soledad y tristeza en la llanura que lleva su nombre.
Leyendas aparte Guamasa ha sido desde la época prehispánica una zona de gran riqueza agrícola y ganadera: trigo, chochos, árboles frutales, papas, verduras, vacas, cabras, ovejas, etc. Hoy día aunque ha disminuido la producción, la zona continúa manteniendo su carácter ancestral y no es extraño cruzarse con gente a caballo.
Un lugar destacado en Guamasa es el paseo de Las Acacias, muy cerca de la bajada del Boquerón, es una senda empredada y peatonal que en buena parte de su recorrido coexiste con el tráfico viario.
