La Laguna Ahora por España de Semana Santa 2025: La Semana Santa en Santa Cruz de La Palma, Canarias

La Semana Santa en Santa Cruz de La Palma es una de las de mayor personalidad, riqueza patrimonial y encanto de cuantas se celebran en Canarias. Es una festividad en la que el ayuntamiento colabora activamente ya que, además de su amplio sentido religioso, cuenta con notables valores artísticos y sociales, con un indudable atractivo turístico.

Protagonismo destacado cobra la rica imaginería que, portada a hombros de los costaleros, recorre las principales calles capitalinas y entre las que destacan El Señor de la Piedra Fría –impresionante talla anónima de procedencia mejicana originaria del siglo XVI–, el Señor de la Caída, del maestro sevillano Benito de Hita y Castillo, el Calvario Flamenco del Santuario de Las Nieves, así como las numerosas obras del escultor orotavense Fernando Estévez.

Cronología procesional

La Semana Santa de Santa Cruz de La Palma guarda la sucesión cronológica de los acontecimientos de la Pasión y Muerte de Cristo. Es decir, los pasos discurren por las calles mostrando el relato de los evangelios. El origen de este protocolo se remonta al siglo XVII. Más tarde, durante el siglo XIX, esta secuencia fue fijada de manera implícita por el sacerdote Manuel Díaz (1774-1863). Ya en el siglo XX, con el desarrollo de la Semana Santa y la incorporación de nuevas imágenes, este protocolo quedó fijado de un modo oficioso.

Además, al unísono de esta cronología procesional, en Santa Cruz de La Palma coexisten otras tradiciones paralelas que recalcan este riguroso orden y acentúan la teatralidad de las fechas pasionistas. Entre las mismas, es preciso reseñar la existencia de una sola representación por cada escena de la pasión, la costumbre de ir descubriendo las efigies según llegue su turno (no mostrándolas en las jornadas previas a la Semana Santa y siendo devueltas a un segundo plano una vez concluye el desfile procesional), o los encuentros parateatrales de imágenes, llamados «puntos» (existen tres, uno en la plaza de España, otro en la Alameda y, por último, un tercero en la calle Apurón).

El catálogo escultórico

Santísimo Cristo del Perdón, obra del tinerfeño Fernando Estévez de Salas.

El repertorio de la imaginería procesional que sale a las calles de Santa Cruz de La Palma es un abanico de tallas de diversas procedencias. La capital de La Palma reúne efigies del siglo XVI originarias de las antiguas provincias de los Países Bajos; de la América colonial; de los talleres sevillanos del XVIII; o del neoclasicismo decimonónico insular, el período más brillante de la escultura canaria, con la presencia de algunos de los trabajos más destacados procedentes de la gubia de Fernando Estévez.

Por su parte, la escultura local se encuentra representada por los dos momentos más fructíferos del arte insular. De una parte, el barroco isleño, con obras del pintor y escultor Domingo Sánchez Carmona (1702-1768) y del maestro Marcelo Gómez Rodríguez de Carmona (1725-1791) y, por otro, el neoclasicismo, con la producción del mencionado clérigo y esteta Manuel Díaz Hernández así como su estela de continuadores: Aurelio Carmona López (1826-1901), Nicolás de las Casas Lorenzo (1821-1901) o José Aníbal Rodríguez Valcárcel (1840-1910).

Tradiciones y rituales

En cuanto a la organización procesional, los desfiles de la isla de La Palma han mantenido a lo largo de los siglos una estructura bien definida que las cofradías de «capuchinos» (nombre local de los nazarenos o penitentes) han conservado. Así, las hermandades penitenciales de Santa Cruz inician el desfile con uno o varios estandartes alusivos a su titular o sede canónica; a continuación, se dispone la cruz pendón (conocida en otras geografías como «cruz de guía»); siguen el resto de miembros portando el farolillo procesional de estilo canario (una lámpara en posición vertical sustentada en una vara); y finalmente, aparecen los pasos cargados a hombros. Además, las imágenes marianas suelen procesionar escoltadas por cuatro faroles.

Asimismo, en las últimas décadas, las cofradías de capuchinos han desarrollado el denominado «Baile del Señor», una sencilla danza o movimiento a ritmo de tambor que acompaña la salida a la calle de estas hermandades. El «Baile del Señor» se originó en un delicado balanceo que comenzó a ejecutarse desde la década de 1940 al «Señor Muertito» cuando, espontáneamente sus porteadores «acunaban» el paso. Más tarde, este «baile» se transfirió a las congregaciones penitenciales que transitaban a pie, consolidándose como una nueva estampa de la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma.

Junto al reciente «Baile del Señor», se conservan la ceremonia del Entierro, un acto cargado de simbolismo y pausada liturgia en la noche del Viernes Santo, y la tradición de la visita a la capilla del Señor de la Portería en la mañana del Jueves Santo. Desaparecidos han quedado los antiguos actos de «La Seña», «Tinieblas» o el «Velo Blanco». Igualmente, se ha extinguido un popular Judas marinero.

 

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