La Laguna Ahora por España de fiesta en fiesta: Costumbres en torno a la fiesta de San Antón en la provincia de Burgos (II)

Fuente: VALDIVIELSO ARCE, Jaime L.

 

ORIGEN DE ESTA COSTUMBRE

Desde siempre se han acercado a recoger la ración de titos de las humeantes y olorosas calderas no sólo los pobres, sino todo tipo de gentes, todo el que haya querido participar en esta fiesta.

Se tienen datos procedentes del siglo XIX, hacia el año 1820. La tradición consistía en dar una comida a los pobres y rifar un cerdo, ya que el cerdo suponía una buena parte de la economía doméstica rural, sobre todo por la realización de la tradicional matanza.

En otras épocas, hace medio siglo, la Cofradía de San Antón era muy numerosa y dentro de ella formaba capítulo aparte la Cofradía de Animas, ambas con sus respectivos Priores, elegidos anualmente entre los cofrades, que procedían y eran habitantes del antiguo Gamonal.

Esta costumbre ha tenido siempre sus reglas muy estrictas que era preceptivo observar escrupulosamente.

El día anterior a San Antón los criados y mayordomos de la Cofradía debían limpiar los titos y ponerlos a remojo para después acudir con los demás cofrades a vísperas. En caso de no hacerlo así, se multaba al infractor muy severamente.

Así mismo, se «subastaba» el Santo; el que se «quedaba» con él por haber hecho la puja más alta salía por los pueblos vecinos -Villimar, Villafría, Villayermo- a «pedir para el santo»; a veces, se acompañaba de la imagen, que llevaban dos cofrades y la recaudación se empleaba para adquirir los titos y en otras obras de misericordia y beneficencia.

El agua, para que la cocción sea correcta, era traída por los mayordomos, en una cuba, sobre un carro, desde el río Pico. El agua conveniente era puesta en las calderas a la que se añadía mucho aceite, guindillas, pimientos secos, pimentón y sal y los titos necesarios.

Se condimentaban los titos detrás de la casa cuartel de la Guardia Civil en lo que fueron cuadras del Ayuntamiento. Se utilizaban seis grandes calderas de cobre. Y allí mismo, el párroco de Nuestra Señora la Real y Antigua -que es el abad de la Cofradía- echaba la bendición. «Bendice –decía- las manos que lo han dado y a las que lo van a recibir». Después se decía el consabido «Que aproveche» y empezaba el reparto con el desfile de cazuelas, pucheros y fiambreras ante las calderas humeantes.

Desde los años 50, los titos se condimentan en el patio de la casa de los maestros, al aire libre, a plena intemperie.

En la actualidad la Cofradía de Animas está casi integrada en la de San Antón. Entre las costumbres que estuvieron en vigor y ya se han perdido estaba la siguiente: Cuando se salía «a pedir para el santo» a los pueblos vecinos, cada casa debía ofrecer un panecillo o torta por cada animal doméstico que se tuviera en casa. A los animales, en el día de la fiesta de San Antón, se les daba una vuelta alrededor de la iglesia y después eran bendecidos.

Estaba en otros tiempos muy extendida la costumbre de obsequiarse en esta fiesta de San Antón con panecillos, y en algunas partes en estos panecillos «aparecía impresa la figura de una campanilla, la de un puerco con ella al cuello o la cruz peculiar del Santo» (3).

“Los campesinos franceses tomaron el hábito de colgar una campanilla al cuello del cerdo considerado como cabeza de piara, para preservar a los demás de las enfermedades que los diezmaban» (4).

“Queda también por reseñar la circunstancia, también curiosa por la época en que tiene lugar, de los múltiples pueblos en los que la bendición de los panes entra a formar parte sustancial de las fiestas en honor a San Antonio, en torno al 17 de enero; y para la que no encuentro más justificación que el recuerdo de aquel Fuego de San Antonio que procedía de un «mal que atacaba precisamente al trigo». Y aún habría que pensar si el origen inconsciente de estas bendiciones no sería, en realidad, la bendición del pan poseedor de las virtudes capaces de alterar la conciencia, propias del cornezuelo del trigo con el que el pan se había confeccionado» (5).

Esta fiesta sigue viva en la vida ciudadana de Gamonal, en Burgos y en las costumbres de sus gentes. Es una bonita tradición el acudir por San Antón a recoger una buena ración de titos condimentados y ofrecidos por la Cofradía en honor del Santo. Una comida típica y muy corriente en épocas pasadas, que aunque ha desaparecido de los menús normales, permanece en la tradición vinculada a San Antón y al barrio de Gamonal en Burgos.

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