La Carrera, antiguo Bar Alemán. La Romería de San Benito (I) Por Julio Fajardo Sánchez

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La Romería de San Benito tiene un alto significado folklórico: la copla, la parranda y la rondalla tienen tal presencia en el defile que hacen exclamar al foráneo que la espera en la calle vídeo en ristre. aquello de: «todos los canarios sois unos músicos estupendos, y hay que ver como cantais de bien».

Pero, por suerte o por desgracia, no todos somos capaces de hacer la misma interpretación del maravilloso arte de combinar los sonidos con el tiempo, abundado la presencia de imprivisados y voluntariosos percusionistas en comparación con la de virtuosos de otras expresiones melódicas.

La percusión es en este caso soporte del ritmo y, para bailar como ocurree en la mayor parte de los pueblos africanos, con el ritmo basta. Yo recuerdo un baile en la pequeña plaza que se forma delante de la antigua ermita del Gran Poder de Bajamar, hoy biblioteca pública y que no tenía más de treinta metros cuadrados, el cual se desarrollaba a la luz de un petromás y con los golpes producidos sobre un bidón de gasoil. El sonido era monocorde y no tenía nada que ver con el producido por las marimbas jamaicanas, pero la gente brincaba hasta quedar exhausta al compás del bronco cantar del bidón, que tenía una virtud, la de elevarse por encima de cualquier otro ruido.

En aquella época, cuando la fiesta tenía más enjundia era amenizada por el altavoz de Felipe, que tenía un puesto de tejidos en la plaza del Adelantado y que hacía horas extraordinarias llevando a Luisa Linares y los Galindos por los pueblos de los alrededores en una unidad autónoma de sonido, constituida por un viejo Ford en el que, en lugar de los asientos traseros se instalaba un motor que alimentaba a un gramófono, y en el techo una pareja de altavo CCS. Si el presupuesto era mayor, Pacomio, Asadura y el Foño, desgranaban un variado rosario de pasodobles que eran recorridos arriba y abajo de la plaza. pañúelo y retranca en mano.

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