Hoy celebramos a San Silvestre de Monte Mayor: «Por san Silvestre, las brujas entran por la ventana»

Acaba un año, nace otro. La Nochevieja es mágica. Día de san Silvestre, a quien muchos consideran el patrón de las brujas

«Por san Silvestre, las brujas entran por la ventana»

El 31 de diciembre es día de pedir deseos y de hacerse propósitos. Uno de los más frecuentes es ir al gimnasio. Será porque estamos en el ecuador de las fiestas navideñas y al 50 por ciento de los kilos que pesaremos de más después de Reyes.

Y hablando de mitades, hay un refrán que dice «Si Navidad cae en lunes, guárdate uno de cada dos panes», porque se cree que será un mal año para las cosechas. La realidad ha sido otra: nos hemos comido todos los panes, los turrones, polvorones, canelones… y toneladas de sales de frutas…

Se dice «Por san Silvestre, la lluvia está lista». Es uno de aquellos adagios que pretende pronosticar que el tiempo que haga este día será el que marque todo el nuevo año- Pues esperemos que se equivoque, porque ¡ya estamos hartos de sequía!

La Nochevieja es momento de hacer previsión meteorológica casera para todo el año. Hay que poner 12 trozos de cebolla con sal a la serena, uno por cada mes. El 1 de enero, los pedazos húmedos serán meses de lluvia y los secos representarán periodos sin agua. «Cebolla de Fin de Año hace buen augurio», reza el refrán.

En cualquier caso, a la medianoche hay que estar bien acompañado, vestir alguna prenda roja, comer todas las uvas y pedir un deseo con fuerza, que lo que se desea con el corazón siempre acaba cumpliéndose.

Oración a San Silvestre para alejar brujas

Esta poderosa oración a San Silvestre para alejar brujas, debemos rezarla para acabar con los ataques de aquellas personas que usan la brujería en contra nuestra y de nuestra familia.

A través de esta oración lograremos destruir el mal y el poder que las personas dañinas ejercen para dañarnos. De esta manera bloquearemos sus malas intenciones. Esta oración nos ayudará a salir adelante y bloquear cualquier hechizo que traten de hacernos, y nos permitirá abrir las puertas nuevamente a la felicidad y las oportunidades.

Poderoso San Silvestre,
te suplico que rompas y acabes
con toda brujería,
maldición, hechizo y
cualquier poder relacionado a ello,
que tu inmenso poder acabe y aleje
a las brujas que están ejerciendo
el poder de las tinieblas.

¡Oh San Silvestre!

La Fiesta de San Silvestre en el marco de las Fiestas Invernales

En Canarias no podemos hablar de una diferenciación radical entre las fiestas navideñas y las carnavalescas. Todas ellas forman parte de una misma concepción del año, presidida por el imperio de la estación invernal, que es un periodo de mutaciones, de nacimiento y de muerte que revive en todo su sentido la creación del mundo. Sólo en la época contemporánea, con la conversión de la Navidad en una fiesta familiar y hogareña y la traslación del Carnaval hacia la Cuaresma, se ha delimitado cada uno de los campos y se han privilegiado los aspectos externos y callejeros a las fiestas caracterizadas como laicas. La Nochebuena se convertía de esa forma en una cena familiar, frente al carácter carnavalesco y nocturno, eminentemente callejero del pasado, en la que se comía, bebía y reinaba el baile y la diversión desde que se entraba a la Misa del Gallo y se danzaba dentro de las iglesias.

Al divisar la Navidad, la noche reina en todo su apogeo, es el solsticio de invierno. Con el Martes de Carnaval, sin embargo, nos encontramos con la última luna de invierno, que augura la primavera y con ella la resurrección de la vida, la floración. El periodo comprendido entre el declinar del otoño y el nacimiento de la primavera tiene una misma entidad, responde a una misma dinámica social, ecológica y cultural. En la Navidad actual la fiesta más importante parece ser la Nochevieja en la espera del Año Nuevo. Sin embargo, para las gentes del siglo XVIII no poseía esa trascendencia. Los testimonios que poseemos sobre esa noche son escasos, pero su carácter debía de ser similar al de las de Reyes y Navidad. El definidor del convento franciscano de Granadilla refiere como «en la noche de Reyes y a los nuevos que concurre el venerable cura al convento le he visto bailar con los religiosos según costumbre de nuestra religión»3. Esa misma vertiente festiva debió poseer.

El 31 de diciembre, día de San Silvestre, aparece curiosamente como día festivo en el siglo XVIII, cuando en el anterior no poseía ese carácter. La noche de San Silvestre, por ese matiz sobrecogedor que tiene la noche en estos días de tránsito entre la Navidad y la Epifanía, y por ser el cambio de año, es tenebrosa, en la que más que en ninguna otra se encuentran las brujas y los diablos sueltos. Bethencourt Alfonso relata que se suponía que ese día en el Llano de Maja se hacían grandes solemnidades brujeriles. La tradición recoge que San Silvestre fue quien bautizó al Emperador Constantino y liberó al país de la presencia de un dragón que vivía en una caverna. Para descender a ella debía bajar una escalera de 365 escalones, tantos como días tenía el año. En la noche de San Silvestre las brujas salían y los ancianos conjuraban su acción diciendo por tres veces la oración de San Silvestre y trazando en el aire tantas cruces como rincones tenía la habitación donde dormían:

San Silvestre de Montemayor,
conquista, conquistador,
guarda la cama y todo alrededor,
de brujas y hechiceras,
y de hombre malhechor.
Yugo en la frente,
freno en la boca
Dios me libre de vosotras.
Jesús en trances,
de a dos en tres,
que los de avance
abatan, Amen.

Su oración se reza en Canarias desde el siglo XV hasta el XX como protección contra el mal. En 1499 ya se invocaba esa fórmula: Omíllome a ti, Virgen Santa María y a tu corona sanctíssima vendita y a la camisa que traía vestida cuando tu fijo preçioso pariste, ésta traiga por espada, por loriga, por defendimiento de mi vida, encomiéndome a Jesucristo amador y a Señor Sant Salvador y a Señor San Silvestre de Montemayor y a los ángeles treinta y siete, Señor, como legaste a la draga y al dragón, y a la syma y al león, y a la mujer y al varón, assí liguéis a Fulano y Fulana y a quien me quisiera hacer mal.

Conservamos el testimonio de una descripción de la Fiesta de Año Nuevo o del Niño Dios celebrada en 1733 en un altar en la fachada de la casa de Don Isidoro Parloy en La Laguna, quien colocó en un nicho de su casa una escultura del Niño Dios por un voto que le salvó la vida «como de erisipela y sofocación»: Se formó una colgadura del techo y lados y espalda, todo bien colgado de damasco hasta el suelo por todos los lados y su dosel y altar y en él el Niño Jesús que de la calle se veía y enramada la casa (…). Habiendo venido beneficiado de la Concepción y clérigos y Hermandad del Santísimo se formó una procesión muy buena con muchas camaretas. Se llevó a la Concepción y puso en un altar al lado del Evangelio, sobre el Presbiterio, todo de plata, que es el de San Juan Evangelista, y se le hizo función.

La Fiesta de Año Nuevo se integra dentro de esa concepción del año que Mircea Eliade denominó cristianismo cósmico, que integra el ciclo anual y la vida de Jesús. El 1 de enero es la Fiesta de la Circuncisión del Señor, conmemorando el sometimiento del Niño Dios a esta práctica hebrea. Es un día pleno de simbolismo, pues a la par de que Jesús se humilla dando ejemplo al someterse a las leyes divinas, a su vez aparece como víctima propiciatoria a través de su sacrificio en la Cruz, con el que libra a los hombres del pecado, triunfando sobre la muerte con su resurrección. Esta festividad que organizaban las cofradías de Misericordia, simboliza ese poder en potencia del Niño Dios que nos inmola a través de su resurrección, por lo que ese día se enramaban y se quemaban barriles.

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