
Fe y devoción por el Cristo de La Laguna han quedado reflejadas en las coplas populares, hoy muchas son patrimonio inmaterial en la memoria colectiva, y un claro ejemplo son las cuartetas compuestas por Rafael Hardisson, en 1927, y por Sebastián Padrón Acosta, en 1952.
La primera, que fue presentada ese año al certamen del Ateneo, dice así:
“Al Cristo de La Laguna
mis penas le conté yo:
sus labios no se movieron
y sin embargo me habló”.
Y la segunda fue espiga de oro del concurso de coplas de San Benito de 1952. Posiblemente sea una de las coplas más cantadas y sentidas del repertorio canario:
“Si subes a La Laguna
entra en el Cristo a rezar,
para que Dios te perdone
lo que me has hecho llorar”.
