Fotos, coplas y poemas a las fiestas de otoño (XIII)

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Desde que la revolución industrial permitió la fabricación en masa de plumines de metal se buscó la manera de incorporar a la pluma su propio depósito de tinta para no depender constantemente del tintero. Hasta finales del siglo XIX todos los intentos dieron como resultado instrumentos con un flujo irregular de tinta, que tan pronto dejaban de escribir como soltaban demasiada tinta con los consiguientes borrones. En 1883 Lewis Edson Waterman, un agente de seguros, patentó un sistema de alimentación que permitía un flujo controlado de tinta sobre el papel. El mecanismo equilibraba la presión dentro y fuera del depósito mediante tres fisuras en el canal alimentador, por las que el aire ascendía hasta el interior mientras la tinta salía por el plumín. Nace así la primera pluma estilográfica moderna, la Waterman’s Ideal Fountain Pen.

Siguiendo con las mejoras en el flujo de tinta, en 1894 George S. Parker patentó un nuevo alimentador, curvado en su extremo y que tocaba el interior del depósito, lo que permitía que el sobrante de tinta que quedaba en el plumín después de escribir fuera atraído por capilaridad hacia dentro de la pluma, impidiendo así las típicas manchas en los dedos al desenroscar el capuchón. El sistema se denominó Lucky Curve.

La Pluma y el Pensamiento

Cubierto de galas bellas
iba ráudo el pensamiento
sobre las alas del viento
á tocar con las estrellas.

Y con velocidad suma,
por su corriente impelida,
á su remolino asida
revoloteaba una pluma.

Veloz él, y ella ligera,
hablaron con ardimiento,
y atrevido el pensamiento
se expresó de esta manera:

— Al par que el mío tu vuelo
remontas hasta las nubes
y libre como yo subes
á las regiones del cielo.

Por misterio o por instintos,
hay secreta conexión
en nuestros seres que son
uno del otro distintos.

¡Bien como yo volar sabes
por la azul inmensidad!
—¡Es tanta mi libertad
que Dios me puso en las aves!—

Siguió ella de él en pOS,
y cuentan que en el vacío
se amaron en su albedrío
por que eran libres los dos.

Los astros del firmamento
les presentaron su luz suma,
y es desde entonces la pluma
trasunto del pensamiento

José Tábares Bartlett

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