Fiestas en honor de Ntra. Sra. de Candelaria 2025: Lo trascendental siempre hay que buscarlo dentro, por Mari Brito

Lanzarote es la isla del genio. La belleza innata de su trazo paisajístico no requería más añadidos cuando, en 1919, Arrecife vio nacer a una figura singular que, valientemente, supo acrecentar a Tyterogakat con una intuición plástica desconocida hasta entonces. César Manrique es el artista isleño más reconocible y querido por los canarios y, con total seguridad, el que mayor proyección le ha dado a esta tierra en todo el Mundo. Su obra física y su legado intelectual forman parte del patrimonio cultural de todo un Archipiélago que lo considera uno de los símbolos de su identidad. Por ello, siguiendo la iniciativa que cada año nos hace peregrinar a una isla distinta para presentar estas Fiestas, arribamos al Lanzarote volcánico para convocar a la Fundación César Manrique como Pregonera de las celebraciones en honor a Nuestra Señora de Candelaria.
Así como César reivindicaba la defensa del patrimonio cultural y natural y el equilibrio en el desarrollo de las islas, nos encontramos actualmente inmersos en una obra que imprimirá personalidad y armonía al futuro sostenible de Candelaria, concretamente la Plaza de la Patrona de Canarias y todo su entorno. No podemos esconder nuestro entusiasmo por un proyecto que, por fin, hemos hecho realidad para convertir la ante- sala de la Basílica en uno de los espacios más abiertos y modernos de Canarias, digno y merecedor de los cientos de miles de peregrinos que visitan a la Morenita durante el año y que permitirá un impulso social y económico imparable a su finalización. Hasta entonces, los actos dedicados a la Virgen y el resto de eventos habituales se trasladarán al Recinto junto al Ayuntamiento, en un nuevo espacio que nos permite encontrarnos con seguridad, comodidad y cerca de nuestra Madre, conscientes y agradecidos a los ciudadanos que soportan molestias e inconvenientes por ello. Algunos rituales como la Ceremonia Guanche y la Procesión del 14 de agosto cambiarán su hábitat, así como el resto de veladas y conciertos, hasta que en algunos años podamos volver a nuestra Plaza de siempre, más bonita que nunca.
Y mientras todo se va renovando por fuera, en el interior del Santuario nos espera, indemne, la mismísima Virgen de Candelaria, la Chaxiraxi que sostiene al Rey del Mundo, la imagen morena que asombró a los guanches, la luz que guía a la fe de todo un pueblo, la Señora que congrega a innumerables almas que en estas noches llegan desde todos los caminos de Tenerife, la Madre más bella y misericorde, la Patrona de Canarias entera que, como el artista conejero, es considerada también símbolo de nuestra identidad.
Lo que la Virgen puede encerrar dentro forma parte de un misterio divino que jamás acertaremos a desentrañar. Abarcar las peticiones, rogativas, oraciones o súplicas, también los agradecimientos y promesas que se la han podido hacer en estos siglos de constancia de su presencia es inimaginable. Medir la esperanza, la fe o el consuelo que han encontrado en Ella millones de personas en toda la Tierra donde se le rinde culto es quimérico. Contar las velas encendidas como plegarias o dádivas, un absurdo. Solo la simple mirada de quien llega a sus pies y busca sus ojos, solo ese acto, en ocasiones con lágrimas, nos advierte de lo que puede encerrar un gesto humano ante una figura divina.
La vida no deja de mostrarnos que lo trascendental siempre hay que buscarlo dentro. Lo nuclear de estas Fiestas se encuentra en el corazón de la Virgen de Candelaria. Allí es donde se dirige la atención de cada persona que viene a verla o le pide desde la distancia. A partir de ese lugar, todo se cubre con capas que embellecen el núcleo, pero que pueden ser prescindibles y variables: desde los atuendos, mantos y joyas; la disposición del templo y las flores; las obras para ennoblecer la plaza y sus molestias; los traslados y variaciones de espacios y actos; no digamos ya, los mensajes y reivindicaciones de César y todos los círculos que queramos ir abriendo en torno a la esencia pura que nos convoca cada mes de agosto.
Busquemos nuestro momento de conexión con las emociones auténticas y solo entonces, salgamos a celebrarlo con los demás en cada actividad de las Fiestas. Ya sentenciaba Manrique: “Cualquier lugar de la tierra sin fuerte tradición, sin personalidad y sin suficiente atmósfera poética, está condenado a morir”. Nos vemos estos días en Candelaria.
Mari Brito
ALCALDESA DE CANDELARIA
